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Garífunas sobreviven pese al olvido

Para llegar a Orinoco —un poblado de 1,147 personas, en su mayoría pescadores— hay que viajar más de una hora desde laguna de Perlas, en el Caribe Sur. Poco más de cien años atrás, llegaron aquí los garífunas, una etnia que inició su historia frente a las costas de la isla caribeña de San Vicente en el año 1635 y hoy lucha por mantener las costumbres y tradiciones de sus antepasados.

Carlos Brown, de 43 años, cuenta que “381 años después continuamos viviendo nuestra identidad como antes, a pesar de las amenazas, de la colonización, de la discriminación y de la migración de nuestros familiares hacia otros lugares”.

El silencio impera en este lugar que en noviembre próximo cumplirá 104 años de existir. Los bosques verdes contrastan con el extenso mar. Una de sus características son las pequeñas aceras hechas para caminar, andar en bicicleta, y son usuales en el panorama las personas que cargan baldes con agua y los que venden pan de coco o de yuca bajo el sol tropical.

Las comunidades garífunas habitan en las costas del Caribe de Nicaragua, Honduras, Guatemala y Belice, aunque no existen registros específicos, se conoce que en Honduras se asienta la mayor cantidad de ellos.

“Aquí vivimos la costumbre de tocar y bailar la música ‘punta’, de deleitarnos en hablar nuestra lengua, también conocida como arahuaca, de disfrutar las comidas como el fufu y la bebida como el giffity”, cuenta Brown, de padre miskito y madre garífuna.

Además del arahuca los garífunas de Orinoco hablan español e inglés criollo. Brown explica que entre las tradiciones que permanecen vivas de los antepasados de la etnia garífuna están el escribir, leer y hablar su dialecto --a pesar de la presencia de mestizos en su zona--, el disfrutar de la música de sus antepasados, misma que tienen influencia africana y son tocadas con tambores, maracas y caracol.

Bailan las danzas conocidas como warinera, punta y yancunu, las que tienen un simbolismo especial. Aún conservan sus raíces culinarias y también el hábito de comer la machuca, el tapado y el fufu, cocinadas normalmente como sopas, y compuestas por yuca, plátano, coco, pescado, mariscos y raíces como la cuculmeca.

        381 años después continuamos viviendo nuestra identidad como antes". Carlos Brown.
Música 

Las letras de las canciones garífunas narran parte de las vivencias de sus ancestros y reflejan también los conocimientos sobre el cultivo, la pesca, la elaboración de canoas y la construcción de sus casas.

Las viviendas son construidas de tambo por distintas razones. Rodolfo Chang, guía turístico y representante de la tour operadora Kabu Tours, explicó que “las casas de tambo son hechas de esa forma por el peligro que representan algunos animales rastreros; para que entre más viento a las casas y para evitar que se inunde con el aumento del nivel de agua en el mar”.

Kensy Sambola es una de las mujeres que ha luchado por mantener las raíces garífunas en la zona. Comenta que “esta etnia tiene mucha riqueza cultural. Todos tenemos presente el revitalizar la cultura, esa es nuestra lucha por mantener la identidad de este pueblo, el cual es bastante joven en comparación con el de Honduras”.

Los padres de Kensy son de lugares distintos, pero de etnia garífuna. “La familia de mi mamá era garífunas de Honduras, por lo que me siento orgullosa de ser parte de este grupo étnico aquí en Nicaragua”.

Tiene 41 años, es muy conocida en el vecindario por haber realizado un estudio sobre la cosmología garífuna, lo que la llevó a ser presidenta de la Asociación Afrogarífuna Nicaragüense. Ahora es delegada de la cultura en la región del Caribe Sur.

En esta comunidad hay solo una escuela, la Enmanuel Mongalo. En tanto, los pocos profesionales han tenido que migrar hacia Bluefields o a Managua para prepararse.

El mayor culto religioso es conocido como “Dügü” o “Walagallo”, el cual según Carlos Brown es ofrecido a los ancestros y es evidencia de la relación entre el pasado y el presente de su identidad.

“Esta ceremonia afianza la relación que hay entre la vida después de la muerte, la continuidad de las líneas familiares y la asistencia mutua, estrechando los lazos que unen a las personas garífunas”, explica.

En Orinoco, la mayoría de personas profesan la religión morava, sin embargo existe una iglesia católica, fundada en 1957.

Fuente: elnuevodiario.com.ni

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