Condenadas a la horca en Irán dos mujeres cristianas
En Irán, donde abandonar el islam puede costar la vida, dos jóvenes —Maryam Rostampour y Marziyeh Amirizadeh— fueron detenidas y condenadas a la horca por convertirse al cristianismo y repartir alrededor de 20.000 Nuevos Testamentos en persa. Su historia sigue siendo un testimonio poderoso de resiliencia en medio de la persecución.
Nacidas en familias musulmanas, ambas conocieron a Jesús a principios de los años 2000 y experimentaron una conversión personal que transformó por completo sus vidas. Más tarde se conocieron en Turquía, mientras estudiaban teología cristiana, y descubrieron que habían abrazado la fe en Cristo casi al mismo tiempo, unos seis años antes. De ese encuentro surgió la decisión de volver a Irán para compartir el Evangelio en uno de los países más hostiles al cristianismo.
Ya en su país, Maryam y Marziyeh iniciaron una intensa labor evangelística. Durante años distribuyeron discretamente miles de Nuevos Testamentos en buzones, parques y espacios públicos, y levantaron dos iglesias en casas: una enfocada en jóvenes y otra en mujeres en situación de prostitución. Su deseo, según han relatado, era que “cada iraní pudiera tener acceso a una Biblia en su propio idioma” y conocer personalmente a Jesús.
En 2009 su labor fue descubierta. Agentes del régimen las detuvieron y las sometieron a duros interrogatorios, preguntándoles por su fe, por las reuniones en casas y por la red de creyentes a la que pertenecían. Fueron acusadas de apostasía, de evangelizar musulmanes y de llevar a cabo “actividades contra la seguridad del Estado”, cargos que, bajo la ley iraní, pueden conllevar la pena de muerte por ahorcamiento.
Tras su arresto, fueron enviadas a la temida prisión de Evin, donde permanecieron cerca de 259 días. Allí enfrentaron condiciones duras, enfermedades, amenazas y presiones constantes para negar a Cristo a cambio de su libertad. Ellas mismas han contado que repetidamente se les ofreció salir libres si firmaban una renuncia a su fe cristiana, algo que se negaron a hacer. Su “delito”, como resumen ahora, fue “creer en Cristo y compartir nuestra fe”.
En distintos momentos del proceso, un tribunal islámico las sentenció a muerte en la horca, generando un profundo temor entre familiares y hermanos en la fe. Sin embargo, mientras la sentencia avanzaba, su caso comenzó a conocerse fuera de Irán. Organizaciones de derechos humanos, iglesias y gobiernos de diferentes países empezaron a presionar al régimen, a escribir cartas y a realizar campañas de oración e intercesión por sus vidas.
Finalmente, tras meses de clamor internacional y la movilización de muchos cristianos alrededor del mundo, Maryam y Marziyeh fueron liberadas en 2009 y, posteriormente, absueltas de los cargos. Más tarde lograron salir del país y obtener refugio en Estados Unidos, donde hoy viven. Desde allí recorren iglesias y conferencias, contando su testimonio —recogido también en su libro “Cautivas en Irán”— y dando voz a los cristianos perseguidos en su nación de origen y en otras regiones donde confesar a Cristo sigue siendo peligroso.
Su liberación apunta a la fidelidad de Dios en medio del sufrimiento. Aunque no siempre se ve un final así en todos los casos, el hecho de que hayan salido vivas de Evin y hoy puedan predicar a Cristo es un recordatorio de que el Señor sigue obrando incluso detrás de los muros más oscuros. Como promete Apocalipsis 2:10, “sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”: ellas decidieron ser fieles aun con la horca sobre su cabeza, y ahora su testimonio fortalece la fe de muchos alrededor del mundo.
Fuente: bibliatodo.com














