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mayo 03, 2017

¿La Biblia puede ayudarle en sus negocios?

by Versión original por Kevin Miller

La vida de John D. Beckett,  Presidente de la Junta Directiva y Gerente General de la Corporación R.W. Beckett
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Mucha gente piensa que la única manera de lograr el éxito en el mundo de los negocios es a través de la competencia despiadada y la astucia deshonesta. El lema del empresario es una regla que va en contra de todo lo que la Biblia enseña: “Todas las cosas que no quieres que los demás te hagan, hazlas tú a ellos primero.” Tomando en cuenta esta actitud tan común entre los empresarios, ¿es posible que una empresa surja si hace exactamente lo opuesto?

John D. Beckett, Presidente de la Junta Directiva y Gerente General de la Corporación R.W. Beckett cree firmemente que se puede alcanzar el éxito de esta manera.

¿Por qué lo cree así? Porque la “Regla de Oro”, y otros principios bíblicos son los fundamentos sobre los cuales se ha construido su empresa multi-millonaria. La compañía tiene su oficina central en Elyria, que se encuentra en el estado de Ohio. En esta ciudad se encuentran las empresas más exitosas del mundo en el ámbito de las piezas para calentadores.

Un año de terribles sucesos le enseñaron a John a buscar las cosas importantes y transcendentales de la vida. En ese año falleció su padre, su hija sufrió un accidente automovilístico casi fatal, y,  por poco, un incendio acaba con su fábrica.  John se dio cuenta que había llegado la hora de tomar su fe en serio:  “Llegó el momento en que tuve que rendirme completamente y encomendarme al cuidado del Dios Todopoderoso”  John asegura que fue su esposa quien le ayudó a descubrir una nueva dimensión del cristianismo que nunca había conocido. Su vida cambió drásticamente al encontrar una nueva y más íntima relación con el Señor Jesucristo:  “Al conectarme más íntimamente con el Señor Jesús pude mirarle a los ojos por medio de la fe.  Pude escuchar Su voz, también por la fe. Tuve un encuentro con una persona real; alguien quien me amaba y se preocupaba por mí.”

Al crecer su relación con el Señor Jesús la vida personal de John comenzó a transformarse también. Se dio cuenta de la necesidad que tenía de forjar un lazo más fuerte entre su fe y su negocio. Empezó por emplear algunas reglas bíblicas sencillas de resolución de conflictos dentro del manejo de las relaciones interpersonales de su empresa. Supo que estos principios le darían buenos resultados cuando, a través de ellos, pudo resolver un conflicto que había surgido entre dos de sus supervisores. John comenzó a encontrar otras áreas de su empresa en las que su fe y los principios bíblicos pudieron producir la misma efectividad.  Encontró soluciones para varios problemas que habían surgido en las finanzas, en el manejo de los recursos, en el área de la ética corporativa, y en el trato entre los empleados y los clientes.

Estos cambios fueron muy positivos para la empresa. No obstante, el área en que más se hizo evidente la nueva fe de John fue en el liderazgo de la organización. Desde temprano, adoptó un nuevo estilo administrativo y lo llamó “liderazgo servicial”.  Según John, este estilo implica poner las necesidades de los trabajadores y de los clientes antes que las suyas. Aún en el área de las finanzas de la corporación esta actitud tiene mucho sentido. En las reuniones de liderazgo siempre se hace la misma pregunta: “¿A qué cliente nuestro no le gustaría que le atendamos bien? Y, ¿a cuál de nuestros empleados no les gustaría trabajar en un ambiente donde hay respeto y las personas son valoradas?” Los resultados de esta línea de pensamiento son claros. Las ventas han multiplicado año tras año y todos los trabajadores son muy leales a la compañía. Desde que heredó el negocio de su padre en los años finales de la década ’30 el Sr. Beckett ha logrado un crecimiento asombroso en la empresa. Al principio era una compañía pequeña que contaba son solamente doce empleados y el monto de un millón de dólares americanos en ventas anuales. Ahora es una corporación importante compuesta por tres diferentes compañías. Tiene 600 empleados y una ganancia aproximada de cien millones de dólares al año.

A pesar del éxito que ha alcanzado John afirma constantemente que su mayor preocupación no son los ingresos mensuales ni el dinero. La vida de la empresa gira alrededor de un trato agradable e íntegro hacia los trabajadores y los clientes y más que nada se basa en Dios y en sus principios. Jesucristo siempre es el número uno en todo lo que hace la compañía.  John dice:  “Me concentro en estas cosas y los ingresos y el dinero vienen solos.”

Si has llegado a un punto que, así como John, estás cansado de manejar todo por si solo, y ahora quieres que el Señor Jesús ocupe un papel mucho más importante en tu vida te animamos a que hagas la siguiente oración:

    Señor Jesús, quiero conocerte personalmente. Gracias por morir en la Cruz por mis pecados. Abro la puerta de mi corazón, y te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por perdonar mis pecados, y por darme la vida eterna. Toma el control de mi vida. Hazme la persona que Tú quieres que sea.

Al haber hecho esta oración tomaste el primer paso para tener una relación personal con el Señor Jesús. Deseamos orar por tu vida y tus necesidades
agosto 01, 2016

Japonés tardó en llegar a la meta 54 años, 8 meses, 6, días, 8 horas, 32 minutos y 20 segundos

El recuerdo del portugués, Francisco Lázaro, que perdió la vida en competencia y la insólita historia de Shizo Kanakuri

La edición de 1912, desarrollada en Estocolmo, tuvo la particularidad de ser la primera cita olímpica con deportistas de los cinco continentes. Con la exclusión del boxeo, porque en aquellos años esa disciplina estaba prohibida por ley en Suecia, lo más llamativo ocurrió en el maratón, donde un japonés batió la peor marca de la historia al consolidar la carrera más larga de los Juegos Olímpicos.

El protagonista fue Shizo Kanakuri y su historia es muy singular. A los 20 años decidió participar de la competencia más exigente del atletismo y su físico le impidió terminar el recorrido. El abandono no fue lo destacado, lo que llamó la atención fue su desaparición.
                                            Shizo Kanakuri en la previa de la competencia

Tras la finalización de la prueba, la delegación asiática denunció la ausencia de su único representante. Las constantes búsquedas realizadas por la policía local y los organizadores no brindaron ningún indicio y los nipones volvieron a su país con un competidor menos.

Nadie supo de Shizo Kanakuri hasta 1962, cuando un periodista sueco visitó por casualidad la ciudad natal del japonés: Tamana. Luego de varios intentos, el cronista logró dar con el fondista para que revele el misterio de lo que se había producido en la capital escandinava.

Shizo Kanakuri se muestra sonriente en la previa del maratón de Estocolmo

Fue entonces cuando el veterano contó que al llegar al kilómetro 30, en la localidad de Tureberg, decidió aceptar la invitación de un espectador para refrescarse y descansar. Insolado por los fuertes rayos solares y deshidratado, Kanakuri explicó que se quedó dormido en la casa del aficionado y cuando se despertó, varias horas más tarde, fue tal la vergüenza que sintió que optó por volver a sus tierras sin dar ningún aviso.

Fue así como en 1967 un programa de televisión de Estocolmo invitó al japonés a finalizar la carrera. Con 76 años el anciano completó los 42,195 kilómetros desde el punto en el que había abandonado y llegó a la meta 54 años, 8 meses, 6, días, 8 horas, 32 minutos y 20 segundos después de haber comenzado el maratón.

 
El japonés tardó en llegar a la meta 54 años, 8 meses, 6, días, 8 horas, 32 minutos y 20 segundos 

En esa misma competencia, iniciada el 14 de julio de 1912,  el portugués Francisco Lázaro murió cuando lideraba el pelotón cerca del kilómetro 29, cerca de Öfver-Järv. El lusitano de 21 años perdió la vida cuando lo trasladaban al hospital luego de un desmayo sufrido en plena actividad. Según su colega, Armando Cortesao, el fallecimiento se produjo porque se había cubierto el cuerpo con grasa para protegerse del sol y el sebo le tapó los poros de la piel impidiendo que transpire.

El oro fue para un policía sudafricano llamado Kennedy McArthur, seguido de su compatriota Christian Gitsham, quien denunció al ganador de tener una actitud malintencionada. Según el medallista de plata, ambos habían hecho un pacto para detenerse a tomar agua a pocos kilómetros del cierre, pero cuando éste frenó en una fuente, su compañero lo abandonó a toda velocidad para subirse a lo más alto del podio.

Fuente: cadena365.com