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marzo 18, 2018

La cara oculta del padre Donoso

Cuando el exseminarista Francisco J. se enteró de que el cura José Donoso Fernández oficiaba misas en Mengabril (Badajoz), marcó el teléfono de su minúsculo Ayuntamiento: “Tened cuidado. A mí me puso la mano en la entrepierna. Y, cuando se la retiré, comenzó a maltratarme”, advirtió el confidente con la voz rota.

El concejal de Asuntos Sociales, Jesús Gordillo, recibió esta llamada de una hora y media de duración en septiembre de 2011. “Nos alertó sobre todo lo que podía pasar”, reconoce por primera vez este edil del PP. Hoy, se siente impotente por no haber podido acumular pruebas contra el clérigo investigado por presuntos abusos sexuales a un niño de 12 años. El cura está en libertad desde la pasada semana, pero tiene una orden de alejamiento del menor de 100 metros.

Francisco pide el anonimato. Coincidió con Donoso en el Seminario Metropolitano de San Atón, Badajoz. Corría 1981. Y tenía 11 años. Un centenar de chavales de familias humildes de Extremadura correteaba por el centro. El sacerdote bajo sospecha daba clases de Francés. “Te levantaba por la noche para llevarte al pasillo. Te daba hostias hasta las cinco de la madrugada”, relata Francisco. “Aquello sí que eran palizas. Yo lo vi”, añade el hoy profesor Jesús M., que estudió en San Atón entre 1982 y 1986. Su compañero, el psicólogo y hoy docente en un Instituto de Educación Secundaria (IES) de Badajoz F. M. J., retrata así al presunto acosador: “Era muy temido entre los niños. Repartía premios y castigos de forma indiscriminada [...]. Hay una parte oculta de él que nunca conocí”. Esta fuente recuerda pasajes de “violencia generalizada” entre las sotanas del seminario. La Archidiócesis de Mérida-Badajoz dice desconocer los presuntos abusos sexuales de San Atón.

"Me puso la mano en la entrepierna", afirma un testigo

Para tirar del hilo que condujo al juzgado número 1 de Don Benito (Badajoz) a imputar al clérigo hay que remontarse a 2011. Tras la llamada del exseminarista, Mengabril, un pueblo de casas bajas y 500 habitantes, rastreó en silencio los movimientos de su único sacerdote. Sus servicios sociales descubrieron que el cura de 66 años acogía en la casa parroquial a un matrimonio rumano con tres hijos de 13, 7 y 4 años. “La diócesis de Plasencia no sabía nada”, admite el concejal Gordillo, que llamó al arzobispado en junio de 2013 antes de escolarizar a los pequeños. Actualmente, los menores permanecen en un centro de Badajoz de la Junta que indaga si fueron víctimas de Donoso. Este periódico ha intentado sin éxito contactar con la diócesis de Plasencia.

Una alta fuente municipal destaca el trato de favor que el sacerdote tenía con el hijo mayor del matrimonio rumano. “Donoso visitaba a diario al chico y se lo llevaba los fines de semana a su casa del municipio vecino de Don Benito. Tenía con el joven una atención especial. El chaval vestía ropa de marca. Le compró un móvil de 800 euros. En el colegio se sorprendían de que el adolescente llevase en el bolsillo 150 euros. Entretanto, los dos hijos menores de los rumanos vestían como pordioseros”. Este lunes, el matrimonio rumano declaró ante el juez. Una veintena de familiares de la pareja rumana se encararon con el sacerdote cuando apareció por el juzgado.

El matrimonio acogido por el cura está en paro. Aterrizó en España en 2007 huyendo de la miseria. Antes de residir con sus tres hijos en la espaciosa casa parroquial, durmió en un coche en el pueblo pacense de Villanueva. “Siempre se portó bien”, dice en un castellano primitivo el marido. Asegura que es agricultor. Los servicios sociales, sin embargo, cuentan que no trabaja. Que Donoso costea sus copas y también le compra el tabaco. El abogado del cura declina atender a este periódico. Y nadie descuelga el móvil del clérigo.

La imagen de Donoso saltó en mil pedazos después de que un niño de 12 años confesara en octubre a un vecino de Mengabril haber sufrido acoso sexual en la catequesis. El pequeño reiteró su testimonio a la psicóloga municipal, según fuentes de la investigación.

El párroco acogió a una familia con hijos menores sin avisar al arzobispo

Definido entre sus feligreses como un guardián de la ortodoxia, autoritario y celoso de su intimidad, José Donoso ha encadenado polémicas desde que recaló en Mengabril hace cinco años para sustituir a su discreto antecesor, don Antonio.

El concejal de Servicios Sociales recuerda cómo el pasado verano el párroco envió una carta a los vecinos para informarles de que dos rumanos del cercano pueblo de Don Benito intentaron extorsionarle. Un conocedor del incidente sostiene que al religioso le pidieron 3.000 euros por no revelar un supuesto vídeo sexual.

Otro fuego estalló cuando el sacerdote impidió la entrada de los servicios sociales del Ayuntamiento a la casa parroquial, donde residía el matrimonio rumano con sus hijos. La negativa frustró que la pareja recibiera una ayuda para personas en riesgo de exclusión de 1.000 euros ya concedida por la Junta de Extremadura, según el alcalde de Mengabril, el independiente Lorenzo Garrido. “Donoso no quería que la trabajadora social entrara en la casa parroquial”, añade el concejal Gordillo. Este político, que declaró como testigo en el juzgado que indaga el caso, describe al párroco como un hombre hermético y de carácter volcánico. “Soy católico. Pero me enfrenté a él después de intentar ayudarle en la Iglesia. Me echó del templo. Ya solo nos comunicábamos por correo electrónico”, confiesa.

El protegido del sacerdote, de 13 años, viste ropa de marcas caras.

El hijo de Cati Cortés tampoco guarda buen recuerdo de Donoso. Tenía nueve años cuando le anunció a su madre que no quería hacer la comunión. El pequeño había participado en las denominadas “catequesis individuales” con el párroco. Su madre se quejó de que no hubiera más niños en las clases. “Donoso lo justificaba. Decía que mi chaval no estaba preparado”. Según la progenitora, el religioso “vetó” al joven en la parroquia del pueblo. El catequista tuvo que comulgar a 18 kilómetros, en Valdetorres. “El cura de allí no me puso ninguna pega”.

El alcalde de este pueblo de calles blancas se muestra satisfecho. Reprocha, sin embargo, que el juez dejara en libertad al clérigo tras tomarle declaración la pasada semana. “Después de la noticia de EL PAÍS me están llamando posibles víctimas de Donoso. Quieren hablar”. Mengabril saldrá este martes a la calle para pedirle al juez que encarcele al polémico don José.

investigacion@elpais.es