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septiembre 22, 2019

Jefe de Policía usa la Biblia para combatir delincuencia en calles de Kenia

Un jefe de la Policía en Kenia se ha propuesto combatir el crimen en las calles, usando una Biblia e invocando el poder de Dios al entrar en áreas llenas de delincuentes.

William Sifuna es el único responsable de mantener la ley y el orden en Maralal, condado de Samburu, donde se producen robos a mano armada a diario y son comunes las extorsiones.

Sin embargo, a lo largo de los años, una cosa que Sifuna notó fue que la mayoría de los delitos están relacionados de alguna manera con el robo de ganado. Entonces, el oficial que es conocido como "el policía predicador", decidió emplear una táctica basada en la Biblia cuando se enfrenta a sospechosos.

Les indico que tienen que devolver lo que robaron a su legítimo dueño, que se disculpen con la persona y que prometan que nunca volverán a robar.

Inmediatamente, Sifuna vio algunos resultados impresionantes. Sin embargo, el policía no confía en la simple palabra de los delincuentes. También les exige que elaboren un plan a largo plazo que detalle cómo exactamente se mantendrán fuera de problemas en el futuro.

Para combatir la delincuencia de manera efectiva, dice, se necesita fe. "Para combatir la delincuencia necesitamos a Dios", dijo a The Standard. “No podemos hacerlo solos. Necesitamos la intervención de Dios en todo lo que estamos haciendo como fuerza policial".

El jefe de la Policía también ofrece segundas oportunidades a los jóvenes delincuentes. Como cristianos, dijo, debemos mantener la noción de que absolutamente todos merecen una segunda oportunidad, sin importar lo que hayan hecho.

"Antes de arrestarlos, aprovecho la oportunidad para predicarles la palabra de Dioso y les doy un consejo", dijo. "Y cuando salen de las celdas frías, la mayoría confiesa y se aleja del mal vivir".

El oficial, además de policía, también tiene una acreditación aprobada por el tribunal como mediador y también es pastor regular del Ministerio de Restauración de Elshaddai.

Al señalar que aplica la ley de una manera bastante "interactiva", Sifuna agregó que su estrategia es simple: "Escucho su versión de la historia, les aconsejo y medito en el caso".

Pero como si eso no fuera suficiente, este auténtico policía todavía decidió establecer un refugio para niños maltratados en las violentas calles de Maralal. También supervisa las operaciones en un orfanato cercano.

Tomado de: https://www.acontecercristiano.net/2019/09/jefe-de-policia-usa-biblia-para-combatir-delincuencia-en-las-calles.html
septiembre 17, 2018

Chinos predican en las calles tras ser cerrada su iglesia

Miembros de una iglesia doméstica cerrada recientemente en Chengdu, China, decidieron salir y predicar en las calles. Un video con el trabajo evangelístico fue divulgado por la misión China Missions.

El material, publicado por el obrero Christopher Gregory, muestra a los fieles en un parque de la ciudad, cantando, y predicando en público, lo que está prohibido en el país. En algunos momentos del vídeo es posible verlos entonando la música “Nada más allá de la sangre de Jesús” y anunciando el evangelio.

Uno de los líderes de la iglesia empuñaba una Biblia en una mano y el micrófono en la otra.

De acuerdo con Gregory, el pastor había sido detenido por policías, pero fue suelto y luego se unió a los demás. Los dos cultos en público, uno por la mañana y otro al inicio de la noche del domingo (9).

“Las autoridades cerraron el templo la semana pasada y pensaron que sería nuestro fin, pero no lo fue. La gente llevó el mensaje del Evangelio a las calles e hicimos cultos en los parques. “Ellos observaban sorprendidos, sin saber qué hacer”, resalta Gregory en el texto que acompaña el post.


“Por primera vez, personas en toda China están diciendo ‘NO’ a lo que el Partido Comunista quiere: control. Quieren controlar lo que pueden hacer, en lo que pueden creer, donde pueden ir y lo que pueden decir. Esta es otra señal de que algo está empezando a formarse aquí en China, un llamado a la democracia”, relata Gregorio.

Cristianismo crece

El régimen en vigor en China sólo permite que las “iglesias registradas”, que prestan cuentas al gobierno, realizan cultos. Hay miles de iglesias clandestinas, la mayoría de ellas se reúne en casas, como hacía la congregación de Chengdu. El Partido Comunista está cerrando iglesias en todo el país, deteniendo a pastores, quemando biblias y tratando de impedir el libre ejercicio de la libre expresión religiosa.

“El gobierno está tratando de silenciar todo lo que esté relacionado con el cristianismo a causa del crecimiento del número de cristianos. China está enfrentando una resistencia interna y las autoridades ven ese crecimiento [de la iglesia] como una señal de que están perdiendo el control sobre la sociedad”, explicó Gregory.

Su petición es que los cristianos de occidente “Oren por todas las iglesias en China … Oren por un cambio aquí, oren para que el Evangelio alcance el corazón de los hombres, para que el verdadero cambio pueda suceder, para que veamos un avivamiento en China”.

[ Fuente: Christian News
febrero 10, 2016

Marinha Grande, el soviet que no pudo ser

Hace 82 años, el olor a pólvora se desprendía por las calles portuguesas bajo el mando de los sindicatos anarquistas y comunistas. Los obreros portugueses se alzaron contra la legislación fascista impuesta por la dictadura de António de Oliveira Salazar. El entonces nuevo Estatuto del Trabajo Nacional, inspirado en la Carta del Lavoro de Benito Mussolini, entregaba la dirección del sindicalismo al fascismo y prohibía todas las organizaciones que no apoyaran el corporativismo y la conciliación entre la burguesía y la clase trabajadora.

El año de 1934 empezó caliente. Miles de obreros desafiaron la barbarie fascista y, del sur al norte de Portugal, secundaron la huelga general insurreccional organizada conjuntamente por la CGT anarquista y la CIS comunista. Atentados con bombas, ocupaciones de fábricas, carreteras bloqueadas, trenes descarrilados e importantes sabotajes marcaron el día 18 de enero.

Esa misma noche, obreros de Marinha Grande, un pueblo en el centro del país, corazón de la industria del vidrio, cortaron árboles y bloquearon todos los accesos al municipio. Con algunas escopetas, pistolas y explosivos, orgullosamente identificados con brazaletes rojos, los insurrectos se lanzaron a la tarea de tomar el poder en esa ciudad.

Eran cerca de 2.000 obreros repartidos por 13 empresas que traían ya la conciencia social de duras batallas por el fin del trabajo en los domingos, que habían hecho huelga para que los jóvenes aprendices tuviesen también derecho a tener zapatos y que hacía meses habían paralizado las fábricas en protesta por el cierre de su sindicato y la prisión a la que fueron condenados sus dirigentes.

Un grupo cortó las líneas telefónicas y telegráficas. Tres brigadas fueron hacia el Ayuntamiento, el edificio de Correos y la comisaría. Cuando los insurrectos llegaron a esta última, ya no pensaban sólo en derrocar las leyes fascistas. Querían un régimen obrero bajo la dirección del soviet local. El tiroteo que se produjo delante de la estación de policía, y que condujo a la rendición incondicional de las fuerzas de seguridad, dejó el poder en manos de los trabajadores.

Las pocas horas que el pueblo pudo celebrar la victoria local –en la que el Partido Comunista Portugués tuvo una importante influencia– quedaron registradas en la historia del movimiento obrero del país. Ahí anunciaron el Soviet de Marinha Grande. Pero, tras saber que la insurrección había sido aplastada en prácticamente todas las regiones y que sólo se había tomado el poder allí, las fuerzas revolucionarias locales se prepararon para la resistencia.
De la victoria a la resistencia

El fascismo lanzó toda su fuerza sobre el pueblo y el comité obrero responsable de la insurrección huyó a esconderse al bosque. El Gobierno envió artillería, caballería, ametralladoras y hasta un avión para reprimir a Marinha Grande. A lo largo de todo el país se expandió la represión.

Los patrones tenían órdenes para no dejar trabajar a los obreros que habían secundado la huelga y los dirigentes sindicales fueron detenidos. Muchos de los obreros de Marinha Grande volvieron a casa irreconocibles por los bárbaros métodos de tortura en los calabozos policiales. Más de 700 obreros fueron encarcelados por la dictadura de Salazar.

Cuando, en octubre de ese mismo año, inauguraron el campo de concentración de Tarrafal, en las islas de Cabo Verde –entonces colonia portuguesa–, de los 152 presos que alojaba, 57 habían participado activamente en la huelga general insurreccional. Muchos otros sólo volverían a Portugal dentro de ataúdes después de la revolución que derribó la dictadura fascista en 1974.

Quien camine hoy por las calles de Marinha Grande las verá nombradas con las que cayeron aquellos días. A la entrada de la ciudad, donde ahora viven cerca de 40.000 habitantes, una imponente estatua de un obrero que levanta con su brazo un fusil recuerda a los trabajadores que se alzaron contra la dictadura de Salazar. La historia sigue viva en la memoria, pero también la lucha por unas mejores condiciones de vida.

A pesar de la reconfiguración industrial y de la destrucción de la capacidad productiva nacional que supuso el ingreso de Portugal en la Comunidad Económica Europea, Marinha Grande sigue siendo un pueblo obrero. Resiste la industria del vidrio y la importante producción de moldes. En 1994, las movilizaciones de los trabajadores de esta población abrieron los telediarios.

Utilizando explosivos y talando árboles, volvieron a bloquear las entradas del pueblo. El cierre de la importante fábrica Manuel Pereira Roldão, los despidos masivos y el hambre fueron, una vez más, la chispa que prendió la rabia. También, una vez más, los antidisturbios entraron a fuego y reprimieron duramente la protesta obrera dejando heridos y detenidos.

Fuente: diagonalperiodico.net