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octubre 10, 2018

El sacerdote católico que inauguró el ateísmo moderno después de su muerte

No creer en ninguno de los dioses sobre cuyas espaldas espirituales se han levantado infinidad de religiones en todo el mundo sigue siendo una anomalía. Lo que piensa la gente siempre resulta difícil de cuantificar, pero eso no quiere decir que no podamos hacer análisis de la situación en este tema espinoso, y el último gran estudio que el Pew Research Center realizó en agosto de 2017 tuvo como curiosas conclusiones que, si bien la religión está experimentado un declive imparable en Occidente como reflejan los datos recogidos por la Unión Europea, engorda sus filas mucho más que el ateísmo en el resto del globo, que en 2012 lo cuantificaba Gallup International en un trece por ciento, con un veintitrés de ciudadanos no religiosos. Pero ¿cuándo comenzó la teoría sistemática de los que niegan la existencia de los dioses? Una buena pregunta.

Los académicos suelen señalar un libro tremebundo del siglo XVIII, al que se conoce brevemente con el nombre de Memoria contra la religión, como aquel que dio el pistoletazo de salida al ateísmo moderno. En él, su autor desgrana una larguísima serie de argumentos lógicos contra la idea de que existe la divinidad, multitud de alegaciones teológicas del cristianismo y la injusticia intolerable que, según él, sufrían los súbditos a manos de los poderosos de la Tierra: no podía ser una obra más subversiva en aquel entonces, de manera que a nadie debe extrañar que quien la escribió, con más de sesenta años, esperara a que lo metiesen en un ataúd y lo enterrasen antes de que otro ser humano plantara los ojos en ella. Y el profesor Julio Seoane Pinilla dice en el prólogo de la edición en castellano de Laetoli que esta obra, “si no magna, es, cuando menos, voluminosa”.

En verdad, a lo largo de las setecientas páginas que suma, su autor demuestra que no hay quien le gane a lúcido y exhaustivo y, a la vez, a pelmazo, porque lo que Memoria contra la religión tiene de riguroso e interesante —todo que podían permitir los conocimientos de la época— lo tiene de tostón por la infinidad de reiteraciones en las que incurre y los pasajes infumables que entraña. Además, el autor no es ningún Voltaire ni ningún barón D'Holbach y, tal vez a consecuencia de su humilde educación eclesiástica, el estilo de su escritura carece de la deliciosa fluidez que se halla en los textos del par de nobles ilustrados, que ofrecieron las muchas horas de ocio que les proporcionaban sus privilegios sociales para luchar por el racionalismo con otras obras como sus respectivas Tratado sobre la tolerancia (1763) o Cartas a Eugenia (1768).

De todos modos, su indiscutible mediocridad literaria no le resta tino, calibre ni influencia en el pensamiento filosófico posterior de las minorías no religiosas. Su título completo, aunque típico, da una idea clara de la gran verborrea de su autor: Memoria de los pensamientos y sentimientos de Jean Meslier, cura de Étrépigny y de Balaives, acerca de ciertos errores y falsedades en la guía y gobierno de los hombres, donde se hallan demostraciones claras y evidentes de la vanidad y falsedad de todas las divinidades y religiones que hay en el mundo, memoria que debe ser entregada a sus parroquianos después de su muerte para que sirva de testimonio de la verdad, tanto para ellos como para sus semejantes. Porque sí, aquel que inauguró el ateísmo sistemático para las generaciones modernas era nada más y nada menos que un sacerdote católico.

“La vida de Meslier es poco conocida”, cuenta Julio Seoane, “y de lo que sabemos podemos concluir que pasó sus días apaciblemente entre sus vecinos sin haber tenido casi ningún problema”. Casi, ya que . Pero “no era alguien que se hubiese distinguido por sus continuas protestas o su aliento revolucionario”, y “nuestra solidaridad va, no con su hipocresía, sino con la angustia que debía de suponer predicar aquello en lo que se descreía, con el dolor y el no saber qué hacer”, porque a sus parroquianos “tenía que mirarles a la cara y mentirles con las mentiras que más odiaba”, con una rabia oculta que debió de consumirle durante tantos años y que “se filtra en cada página del texto que Meslier nos legó como última voluntad, como íntima confesión”. Aunque tuvo un enfrentamiento con el noble Antoine de Touly por maltratar a sus campesinos y se negó a sustituir a dos jóvenes y lozanas asistentas.

El buen cura deseaba redactar su Memoria “a fin de poner a vuestra disposición, a la vuestra y a la de vuestros semejantes, un medio que os pueda ayudar a desengañaros y os pueda servir para que podáis poneros de acuerdo entre vosotros, si así lo queréis, a fin de sustraeros y libraros de todos esos errores detestables y de todos esos detestables abusos y supersticiones en los que os halláis inmersos”. Y concluye en 1729, el mismo año de su muerte: “Nací de la nada y dentro de poco volveré a la nada”, tal vez sepultado en una tumba sin nombre del castillo de Étrépigny. Su sucesor encontró la obra, que fue guardada en tres registros judiciales y luego transcrita para algunos nobles; y hasta que Voltaire no le puso las manos encima en 1762, arrancándole deshonestamente “todas sus referencias a las cuestiones materialistas y a la lucha por la igualdad”, y la dio a conocer a su público, no se pudo convertir en un auténtico fenómeno literario, cuyo eco intelectual llega hasta nuestros días.

Fuente: hipertextual.com
febrero 21, 2016

¿Qué es ateísmo?

Por Matt Slick

La palabra “ateo” viene del Latín “atheus” y ésta a su vez del Griego “atheos”: a- (partícula negativa: sin) y “theos” (dios). O sea, en su término más básico quiere decir “sin dios”. El ateísmo básicamente es la falta de creencia en un dios, y/o la creencia de que no hay dios. Por contraste, el teísmo es la de creencia de la existencia de Dios, que es conocido y que está involucrado en el mundo. La mayoría de los ateos no se consideran a sí mismos antiteístas; ellos simplemente son no teístas.

He tenido encuentros con muchos ateos quienes afirman que el ateísmo no es un sistema de creencias, mientras que otros sostienen que sí lo es. Debido a que no existe una organización atea oficial, tratar de encontrar cuál descripción puede ser usada es algo difícil. Aún así, a continuación hay algunas definiciones ofrecidas por ateos. Cualquier definición que Usted acepte y use, ésta, negará a Dios.

    “Un ateo es alguien que cree y/o sabe que no hay dios.”
    “Un ateo no tiene la creencia en un dios.”
    “Un ateo no ejerce ninguna fe en el concepto de dios en todo.”
    “Un ateo es alguien que está libre de la opresión religiosa y del fanatismo.”
    “Un ateo es alguien que es un libre pensador, está libre de toda religión y de sus ideas.”

Existen dos clases de categoría dentro de los ateos: los fuertes y los débiles, con variaciones entre ambos. Los ateos fuertes creen activamente y afirman que Dios no existe. Ellos denuncian expresamente al Dios Cristiano así como cualquier otro dios. Los ateos fuertes son usualmente más agresivos con los teístas en sus conversaciones y tratan de crear vacíos en sus creencias teístas. A ellos les gusta usar la lógica y las evidencias contrarias a la Biblia para denunciar la existencia de Dios. Son activos, agresivos y creen abiertamente en la no existencia de Dios.

Los Ateos Agnósticos; llamados así por mí; son aquellos que niegan la existencia de Dios basados en un examen de la evidencia. El agnosticismo significa “no saber” o “sin conocimiento”. Yo los llamo agnósticos porque ellos declaran que han examinado las pruebas y han concluido que no existe Dios, pero dicen que están abiertos a nuevas pruebas de la evidencia de Dios.

Los ateos débiles simplemente no ejercitan ninguna fe en Dios. El ateo débil se podría explicar mejor como una persona que le falta creer en Dios de la forma como una persona le falta creer en la existencia de un lagarto verde sentado en una mecedora en la luna; para ellos esto no es un problema. El ateo simplemente no lo cree o no lo cree.

Finalmente, hay un grupo de ateos que yo llamo “ateos militantes”. Afortunadamente, estos son pocos en número. Generalmente son personas insultantes en extremo y profundamente escuetos en sus comentarios con teístas, especialmente con Cristianos. Me he encontrado a unos pocos de ellos y son viles, groseros y tolerantes. Su lenguaje está lleno de insultos, es profano y blasfemo. Básicamente, no se puede sostener ninguna conversación con esta clase de individuos.
Dos Clases Principales de Argumentos de los Ateos

Las posiciones de los ateos parecen caer en dos categorías principales. La primera es la categoría de la falta-de-evidencia donde el ateo asegura que la evidencia de las pruebas no es suficientemente buena para él/ella para afirmar la existencia de Dios. La segunda es la categoría donde el ateo cree que la idea de la existencia de Dios es ilógica y contraria a la evidencia que se tiene a mano. Para simplificar: una posición dice que no hay suficiente evidencia para concluir que Dios existe; y la otra posición dice que la evidencia es contraria a la existencia de Dios. Para aquellos ateos a los cuales simplemente les falta cree y no gastan energía en discutir, ninguna de las categorías les aplica ya que ellos no están involucrados en el debate. Pero algunos de aquellos que afirman en la falta de creencia en Dios están con frecuencia involucrados en discusiones contra la existencia de Dios.
El siguiente es un argumento típico que plantea un ateo para demostrar por qué Dios no existe: “Se supone que Dios es todo bueno y todo poderoso. La maldad y el sufrimiento existen en el mundo. Si Dios es todo bueno Él no quisiera que la maldad y el sufrimiento existieran en el mundo. Si Él es todo poderoso entonces Él puede quitar toda maldad y sufrimiento. Pero debido a que la maldad y el sufrimiento existen, Dios no es del todo bueno; lo que significa que Él no es perfecto y no es Dios, o bien, Él no es todo poderoso y está limitado en habilidades y ámbitos. Debido a que en ambos casos se muestra que Dios no es bueno ni todo poderoso, entonces, Dios no existe. Claro está, que el problema es que el criticismo es una falsa dicotomía. En otras palabras, existen más de dos posibilidades; a saber: Dios podría tener una razón para permitir la maldad y el sufrimiento y la libertad del hombre podría requerir la asignación de la maldad y el sufrimiento, etc.”
Algunos Principios Básicos del Ateísmo

Las presuposiciones son importantes para todos nosotros. Miramos al mundo por medio de estas. El ateo también tiene un grupo de presuposiciones. Como ya dije, no existe una organización atea definitiva que defina los absolutos del ateísmo, pero existen principios que los ateos tienden a adoptar como un todo. He tratado de enumerar una lista de algunas de estas en la parte inferior. Sin embargo, note por favor que no todos los ateos aceptan algunos de estos principios. El único absoluto común que ellos sostienen es que no creen en Dios o en dioses.

    No existe Dios o lo maligno.
    No existe un reino sobrenatural.
    Los milagros no pueden suceder.
    No existe tal cosa como el pecado como violación de la voluntad de Dios.
    Generalmente el universo es materialista y medible.
    El hombre es material.
    Generalmente la evolución es considerada un hecho científico.
    La ética y la moral son relativas.

Para el Cristiano, el ateísmo choca con muchos aspectos de nuestra fe. Algunos ateos abiertamente atacan el Cristianismo, citando aparentes contradicciones en la Biblia, perciben dificultades filosóficas relacionadas con Dios y lo que ellos consideran son evidencias lógicas contra la existencia de Dios. Pero los críticos ateos no son muy buenos en sus respuestas como verá en los siguientes artículos.

Fuente: elsenordegloria.wordpress.com