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enero 05, 2017

No Estamos Solos


¿Cuántos judíos entraron a Egipto?

En el momento del Éxodo, había 600.000 hombres en edad militar (y, según todas las estimaciones, un total de varios millones de personas) en el incipiente pueblo. Pero el número que originalmente llegó a Egipto en los días de José era solamente, según la Torá, "setenta almas". Sin embargo, si uno examina el texto con detenimiento, los hijos de Jacob y sus respectivos hijos —incluyendo a José y sus hijos que ya estaban en Egipto —llegamos a un total de solamente sesenta y nueve. Los comentaristas ofrecen varias explicaciones. Algunos dicen que la Torá redondea hacia la decena más cercana. Otra explicación es que la persona número 70 era Iojeved, nacida mientras la familia de Jacob entraba a Egipto. Otros cuentan a Jacob mismo como número 70.

Para mí, el Midrash que más me llega es:

¿Qué hizo Dos? Él mismo se sumo a la cuenta, totalizando setenta, para cumplir la promesa hecha a Jacob (Génesis 46, 3-4), "no tengas miedo de bajar a Egipto, porque te estableceré como gran nación allí. Descenderé con ustedes a Egipto y te traeré nuevamente…"

¡Que inspirador! Dios está con nosotros en Egipto. En medio del sufrimiento, del dolor y la persecución, Él está con nosotros. En todas nuestras peregrinaciones y exilios, Él está allí. Como Él nos asegura en el Salmo 91, "Estoy con él en su aflicción". En toda nuestra angustia, en todas nuestras tzores, ¡Él esta allí con nosotros!

Fue esta convicción de que la Presencia Divina invisible pero tangible estaba con nosotros en el Galut y en los ghettos que sostuvo a nuestro pueblo a través de la historia. Ésta era la promesa que nos llenó de una fuente inagotable de fe, valor y fuerza para sobrevivir a nuestros enemigos y prosperar nuevamente.

Muchos se preguntan: ¿Dónde estaba Dios durante el Holocausto?" No podría ni siquiera intentar responder esta pregunta a un afligido sobreviviente que perdió su fe. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a estas santas almas atormentadas? Pero mi padre, y muchos como él, sobrevivieron con la fe intacta. ¿Cómo mantuvieron su creencia a pesar del sufrimiento? Una respuesta posible es: "¿Cómo sobreviví? ¿Cuántos milagros hicieron falta para sacarme de Polonia? ¿Y de los campos? ¿Y para escapar de Lituania, Rusia, Japón o Shangai? ¿Cómo puedo negar que la mano de Dios me libero del peligro una y otra vez? "

El milagro más grande de nuestra generación es que después de Auschwitz los judíos todavía quieran ser judíos. Que nuestro pueblo renació y reconstruyó sus familias, sus comunidades y su patria. Para muchos, la certeza de que una energía superior los guiaba a la supervivencia los sostuvo en los momentos más oscuros y les dio la confianza para reagruparse y regenerarse.

Pronto observaremos el ayuno del 10 de Tevet, conmemorando el sitio de Jerusalén por parte de los Babilonios. ¿Quién rió último? ¿Usted o algún nieto de Nebujadnezar, rey de Babilonia? Todo lo que quedó de aquel poderoso imperio son algunas estatuas. Todos nuestros enemigos, del tercer Reich, desaparecieron. Los judíos siguen aquí, haciendo lo mismo que hicieron durante los últimos 2.500 años.

La promesa de Dios a Jacob: "Iré con ustedes" nos permitió continuar. Y la conclusión del versículo nos asegura un final feliz. "Y te traeré nuevamente" —de Egipto y de nuestro exilio. Pronto en nuestros días.


Fuente: Jabad.es