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julio 12, 2026

Cómo bendecir a tus hijos: 21 promesas bíblicas

 


Cuando Noé, José, Jacob, Abraham o David oran por sus hijos -o los hijos de sus hijos- lo hacen en clave profética, seguros de que tendrá consecuencias eternas.


Como parte de mi pastorado me encuentro constantemente con padres desesperados por la condición en la que se hallan sus hijos y la impotencia de poder hacer muy poco o nada a favor de sus tutelados.


Una madre, recién convertida, me decía: “Tengo dos hijas. La de veintiún años está en una relación lesbiana, vive en otra ciudad, siente odio por mí y peor ante mi decisión de seguir a Cristo… Estas vacaciones pasé unos días con ella y comprobé que la relación con su actual pareja no solo está fuera del plan de Dios para ella, sino que es altamente tóxica, por no decir, enfermiza. Aunque intento amar a mi hija, cuanto más me acerco a ella más se aleja de mí. Y la pequeña, de catorce años, idolatra a su hermana mayor y rechaza también mi fe. A pesar de que vive conmigo se niega a acompañarme a la iglesia y estoy muy preocupada por su futuro”.


Vaya panorama. Me gustaría decir que son casos aislados. Sin embargo, cada semana, padres con gran dosis de frustración y confusión nos piden consejo. Ven cómo sus hijos son enredados por el sistema del mundo, como si de una tela de araña se tratara, y que se distancian en su corazón de sus progenitores y de Dios.


Para esta madre angustiada mi respuesta fue: “Ama a tu hija. Que ella nunca dude de que tiene una madre que la ama. Espérala en la entrada, como el padre de la historia del pródigo esperaba a su hijo, y no dejes de orar por ella. La oración de los padres por los hijos es tan poderosa que parece profecía en muchos ejemplos de la Biblia”.


En cambio, para la de catorce, que sigue bajo su tutela, le recomendé otras acciones, mezcla de amor, persuasión, firmeza y astucia, que no son el tema de este soliloquio.


 


La autoridad de la paternidad para bendecir

Al estudiar la Palabra de Dios encontramos numerosos ejemplos de padres orando por sus hijos. Lo curioso es que cuando Noé, José, Jacob, Abraham o David oran por sus hijos -o los hijos de sus hijos- lo hacen en categoría de profetas. Es como si le prestaran la boca al Señor para hablar una palabra de bendición sobre su descendencia, con la seguridad de que esta palabra los perseguirá y tendrá consecuencias eternas.


He hecho mío ese modelo al orar por mis hijos. De manera que (y tomando una de las promesas de la lista que he recopilado) si voy a orar en base a Isaías 54:13, que dice, “Todos tus hijos serán enseñados por el Señor, y grande será el bienestar de tus hijos” (es una promesa que me encanta), oraré de la siguiente forma: “Rebeca, Enoc, Rubén, Caleb -hijos míos- todos vosotros seréis enseñados por el Señor y grande será vuestro bienestar. Así lo dice, Isaías cincuenta y cuatro, trece, y hago nuestra esa promesa, en el nombre de Jesús, amén”.


Ni mucho menos, estoy diciendo en este artículo que puedo educar de cualquier forma a mis hijos o darles un mal ejemplo, y que estas promesas bíblicas surtirán el efecto esperado a modo de sortilegio. Todo lo contrario; una vez hecho mi mejor esfuerzo al educarlos y dejar un ejemplo sembrado en sus corazones, oraré con fe, asido de estas promesas que en Cristo Jesús son sí y amén (2 Corintios 1:20).


He visto tantos milagros en respuesta al clamor de padres y abuelos que hoy me atrevo a decir que una de las fuerzas más poderosas sobre la faz de la Tierra son las oraciones, llenas de fe y fervor, de una paternidad, natural o adoptiva. Porque nadie ama como unos padres, nadie intercede con tanta tenacidad y pasión. Si sumado a este hecho comprendemos que las promesas de la Palabra de Dios son como unas cuerdas de amor que lanzamos sobre nuestros vástagos, capaces de destruir los enredos del pecado y atraerlos al Salvador, pondremos en nuestra oración toda la solemnidad de un patriarca que bendecía a sus hijos o de un Moisés bendiciendo a Israel o de Jesús orando por sus discípulos antes de partir o de Pablo confesando sobre sus hijos espirituales cosas como esta: “mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:13).


 


21 promesas bíblicas para orar por nuestros hijos

Hoy os comparto 21 promesas que podemos usar para bendecir a nuestra descendencia. Cree que eres el mejor profeta para hablar destino y propósito sobre tus hijos. Así, las bendiciones de papá o mamá -o de los abuelos- serán como el Señor mismo poniendo sus manos sobre ellos y bendiciéndolos.


1. Isaías 44:3-5 “Porque derramaré agua sobre la tierra sedienta, y torrentes sobre la tierra seca; derramaré mi Espíritu sobre tu posteridad ,y mi bendición sobre tus descendientes. Ellos brotarán entre la hierba como sauces junto a corrientes de agua. Este dirá: “Yo soy del Señor”, otro invocará el nombre de Jacob, y otro escribirá en su mano: “Del Señor soy” y se llamará con el nombre de Israel”.

2. Deuteronomio 30:6 “Además, el Señor tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas”.

3. Salmo 102:28 “Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y su descendencia será establecida delante de ti”.

4. Joel 2:28 “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones”.

5. Isaías 59:21 “Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo Jehová, desde ahora y para siempre”.

6. Isaías 61:9 “Y la descendencia de ellos será conocida entre las naciones, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, reconocerán que son linaje bendito de Jehová”.

7. Salmos 45:16 “En lugar de tus padres estarán tus hijos; los harás príncipes en toda la tierra”.

8. Jeremías 1:5 “Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras te santifiqué”.

9. 1 Tesalonicenses 5:5 “Porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas”.

10. Salmos 128:3-4 “Tu mujer será como fecunda vid en el interior de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme al Señor”.

11. Salmos 144:12 “Sean nuestros hijos en su juventud como plantíos florecientes, y nuestras hijas como columnas de esquinas labradas como las de un palacio”.

12. Isaías 40:10-11 “He aquí, el Señor Dios vendrá con poder, y su brazo gobernará por El. He aquí, con El está su galardón, y delante de El su recompensa. Como pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas”.

13. Salmos 127:3-5 “He aquí, don del Señor son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en la mano del guerrero, a sí son los hijos tenidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba; no será avergonzado cuando hable con sus enemigos en la puerta”.

14. Salmo 115:14 “Aumentará El Señor bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos”.

15. Isaías 49:25 “Ciertamente así dice el Señor: Aun los cautivos del poderoso serán recobrados, y rescatada será la presa del tirano; con el que contienda contigo yo contenderé, y salvaré a tus hijos”.

16. Isaías 54:13 “Todos tus hijos serán enseñados por el Señor, y grande será el bienestar de tus hijos”.

17. Salmos 45:16 “En lugar de tus padres estarán tus hijos; los harás príncipes en toda la tierra”.

18. Isaías 60:22 “El más pequeño llegará a ser un millar, y el más insignificante una nación poderosa. Yo, el Señor, a su tiempo lo apresuraré”.

19. Salmos 37:25 “Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan”.

20. Jeremías 29:11-14 “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” —declara el Señor— “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza. “Me invocaréis, y vendréis a rogarme, y yo os escucharé. “Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón. “Me dejaré hallar de vosotros” —declara el Señor— “y restauraré vuestro bienestar” ...

21. Lucas 1:80, 2:40 y 51 “Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu… y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él... y estaba sujeto a ellos.

 Os dejo un enlace al podcast en el que oro por mis hijos usando estos versículos. Por si te inspira o anima a cómo bendecir a tu descendencia

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Soliloquios - Cómo bendecir a tus hijos: 21 promesas bíblicas 

septiembre 26, 2018

La transición sana de una iglesia

Tantas veces La Biblia identifica a Dios como “El Dios de Abraham, Isaac y Jacob”. ¿Por qué? Porque Dios, siendo eterno, piensa de largo plazo. En el ministerio, tenemos que correr la carrera, por correrla manteniendo en mente los que han corrido antes de nosotros y los que correrán después de nosotros. En cualquier organización, la transición de liderazgo siempre es crucial pero pocas veces bien pensada. En el ministerio, tenemos que hacer las transiciones de una manera correcta.

Yo soy el producto afortuno de una transición que se hizo bien. Desafortunadamente, me doy cuenta que estoy en la minoría al escuchar historias tristes de parte del pastor predecesor o del sucesor que me cuentan de algo para nada agradable. Por ejemplo, escuché una vez de un pastor que había entregado la iglesia a uno de sus pastores asistentes, pero dentro de 6 meses tuvo que regresar como pastor principal porque la iglesia se estaba deshaciendo y todos se estaban yendo. El pastor admitió después que había hecho la transición demasiado rápido y que ni la iglesia ni el pastor asistente estaban listos. En cambio, escuché la historia de un pastor que supuestamente había hecho la transición de la iglesia, pero cada vez que aparecía en la iglesia empezaba a mandar a todo mundo (inclusive ¡tomó las riendas del servicio!). Esto causó tanta confusión que los del staff y el liderazgo se empezaron a irse. Todos sabían que el Pastor Principal anterior no quería soltar las riendas. Dos historias muy distintas. Dos resultados muy parecidos. Uno soltó demasiado rápido. El otro no soltaba completamente. ¿Historias como estas han causado que la gente me pregunta, “como lo hicieron para que la transición fuera tan sana entre tú y tu padre?” Esto es lo que he observado al examinar lo que sucedió hace 8 años (y por cierto, el hecho que mi padre espiritual también es mi padre terrenal no hace el proceso más fácil automáticamente, hasta lo puede hacer más difícil).

El punto de partida de una transición sana, bien orquestada comienza con un deseo claro en las dos partes de la transición. Si el pastor principal actual tiene emociones encontradas de pasar la batuta, será una receta para un desastre. De igual manera, si el sucesor “no está seguro” que quiere recibir la batuta, la transición se va a complicar. Aunque suena como algo tan obvio, ninguno de los dos debe de continuar en el proceso hasta que sabe en su espíritu que esto es la voluntad de Dios y en su tiempo perfecto. Esto requiere comunicación honesta y vulnerable. Y si los dos involucrados en una transición potencial no pueden dialogar de una manera abierta, lo más seguro es de que estas comenzado la carrera cojeando.

Segundo, tiene que ver una progresión natural. El que recibe el pastorado no puede ser un extraño o desconocido que la iglesia nunca ha visto o escuchado. Entonces unos años de que asumí el rol de pastor principal, fui nombrado pastor asociado, y lógicamente mi responsabilidad y autoridad se fue incrementando al pasar el tiempo. Cuando mi padre andaba fuera de la ciudad él le decía al staff y liderazgo que si tenían alguna pregunta que podían dirigirla hacia a mí. Esto mostraba que él me confiaba y que él y yo estábamos caminando en unidad completa. Esto también me confirió poderes que fue clave para evitar que otros pensaran que estaba intentando asumir liderazgo que no me había sido delegado.

En una carrera de relevos, la parte más crucial de la carrera es la entrega de la batuta o testigo. No importa que tan rápido corre un equipo, si dejan caer la batuta serán descalificados. Lo interesante de la entrega de la batuta es de que hay un rango de espacio conocido como la zona donde se puede entregar. No se puede antes ni después de esta zona.

Si eres el siguiente en línea para ser pastor principal, asegúrate de que quedas en línea. ¡No te adelantes! Sí, habrá momentos donde te devora la impaciencia de comenzar a liderar. Eso es bueno. Muestra que hay liderazgo principal en ti. Sin embargo, si no eres paciente, vas a reprobar una prueba de tu carácter en este proceso. Esa prueba de tu carácter es paciencia y honor.

La tentación más grande del predecesor es de esperar demasiado antes de entregar la batuta y al contrario para el sucesor es de instigar este proceso antes de su tiempo. Espera la zona. No antes de. No después de.

¿Entonces como sabes cuándo es el tiempo correcto? ¿Cuáles son las señales? La medida de tiempo tiene indicadores tangibles y no tangibles. Lo que no es tangible y a la vez lo más importante es la inspiración y guía del Espíritu Santo. Tenemos que esperar en el Señor y seguir la nube cuando empieza a moverse. Simultáneamente, El Espíritu Santo puede manifestarse a través de la sabiduría y la sabiduría a través de señales tangibles. Nunca es sabio ignorar el “alto”. Es importante prestar atención cuando dice “ceda el paso”.

Uno de las señales que debe buscar es cuando la influencia del sucesor empieza a aumentar. Si lo hace con un corazón no puro será como Absalón. (A propósito, si eres el sucesor en espera, ten cuidado de llamar a alguien “Saúl” porque pueden pensar que eres un Absalón, cuando pensamos que somos el David de la historia.) Más influencia puede ser una señal muy buena. Más influencia puede ser señal de un “Josué”, “Eliseo” o de un “Timoteo”. Más influencia es señal del crecimiento y de la habilidad de liderar. Entonces busca esta señal. Pero no solamente permita la influencia – ¡promuévala! Cuando el predecesor voluntariamente promueve la influencia aumentada del sucesor lo único que hace es mostrar aún más la madurez que tienen y quienes son en Dios y plan divino.

Otra señal puede ser las ideas innovadoras y visión fresca de parte del sucesor aun cuando siguen en un rol de apoyo. Cuando estas ideas, compartidas con un espíritu humilde y sumiso, causan emoción en el corazón del predecesor, puede ser una señal que confirma el tiempo para transición. Es lo más natural que el deseo de implementar ideas nuevas aumenta para el sucesor mientras disminuya para el predecesor. Mientras el corazón del predecesor debe ser perpetuado que naturalmente honrada su legado, seguro la metodología se turnará, trayendo la innovación necesitada a la organización. Ideas innovadoras pueden ser una señal que es tiempo para transición.

Finalmente, al pasar la batuta, existe una dinámica interesante. La batuta no se lanza de un corredor al otro. Tampoco se pone en el suelo para que el otro lo recoja. Hay un momento crucial cuando el primer corredor, que está corriendo a toda velocidad, entrega la batuta al siguiente corredor que en vez de estar parado esperando, ya está corriendo mientras recibe la batuta. Lo interesante es de que solo existe un milisegundo cuando los dos tienen la batuta al mismo tiempo. Después, el primer corredor suelta la batuta.

Mi papa siempre dice “cualquier cosa con dos cabezas es un monstro.” Doy gracias que el soltó. Los monstros son raros. Y qué raro seria y para nada productivo si dos corredores intentaran correr la carrera con los dos agarrando la misma batuta. Seguro algunos piensan que es la mejor manera de asegurar que la batuta no se cae. Pero en realidad es una manera muy rara de correr una carrera y te descalificará.

Para los dos, este proceso requiere fe. Fe el uno en el otro. Pero, sobre todo, fe en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Fuente: christianitytoday.com
enero 05, 2017

No Estamos Solos


¿Cuántos judíos entraron a Egipto?

En el momento del Éxodo, había 600.000 hombres en edad militar (y, según todas las estimaciones, un total de varios millones de personas) en el incipiente pueblo. Pero el número que originalmente llegó a Egipto en los días de José era solamente, según la Torá, "setenta almas". Sin embargo, si uno examina el texto con detenimiento, los hijos de Jacob y sus respectivos hijos —incluyendo a José y sus hijos que ya estaban en Egipto —llegamos a un total de solamente sesenta y nueve. Los comentaristas ofrecen varias explicaciones. Algunos dicen que la Torá redondea hacia la decena más cercana. Otra explicación es que la persona número 70 era Iojeved, nacida mientras la familia de Jacob entraba a Egipto. Otros cuentan a Jacob mismo como número 70.

Para mí, el Midrash que más me llega es:

¿Qué hizo Dos? Él mismo se sumo a la cuenta, totalizando setenta, para cumplir la promesa hecha a Jacob (Génesis 46, 3-4), "no tengas miedo de bajar a Egipto, porque te estableceré como gran nación allí. Descenderé con ustedes a Egipto y te traeré nuevamente…"

¡Que inspirador! Dios está con nosotros en Egipto. En medio del sufrimiento, del dolor y la persecución, Él está con nosotros. En todas nuestras peregrinaciones y exilios, Él está allí. Como Él nos asegura en el Salmo 91, "Estoy con él en su aflicción". En toda nuestra angustia, en todas nuestras tzores, ¡Él esta allí con nosotros!

Fue esta convicción de que la Presencia Divina invisible pero tangible estaba con nosotros en el Galut y en los ghettos que sostuvo a nuestro pueblo a través de la historia. Ésta era la promesa que nos llenó de una fuente inagotable de fe, valor y fuerza para sobrevivir a nuestros enemigos y prosperar nuevamente.

Muchos se preguntan: ¿Dónde estaba Dios durante el Holocausto?" No podría ni siquiera intentar responder esta pregunta a un afligido sobreviviente que perdió su fe. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a estas santas almas atormentadas? Pero mi padre, y muchos como él, sobrevivieron con la fe intacta. ¿Cómo mantuvieron su creencia a pesar del sufrimiento? Una respuesta posible es: "¿Cómo sobreviví? ¿Cuántos milagros hicieron falta para sacarme de Polonia? ¿Y de los campos? ¿Y para escapar de Lituania, Rusia, Japón o Shangai? ¿Cómo puedo negar que la mano de Dios me libero del peligro una y otra vez? "

El milagro más grande de nuestra generación es que después de Auschwitz los judíos todavía quieran ser judíos. Que nuestro pueblo renació y reconstruyó sus familias, sus comunidades y su patria. Para muchos, la certeza de que una energía superior los guiaba a la supervivencia los sostuvo en los momentos más oscuros y les dio la confianza para reagruparse y regenerarse.

Pronto observaremos el ayuno del 10 de Tevet, conmemorando el sitio de Jerusalén por parte de los Babilonios. ¿Quién rió último? ¿Usted o algún nieto de Nebujadnezar, rey de Babilonia? Todo lo que quedó de aquel poderoso imperio son algunas estatuas. Todos nuestros enemigos, del tercer Reich, desaparecieron. Los judíos siguen aquí, haciendo lo mismo que hicieron durante los últimos 2.500 años.

La promesa de Dios a Jacob: "Iré con ustedes" nos permitió continuar. Y la conclusión del versículo nos asegura un final feliz. "Y te traeré nuevamente" —de Egipto y de nuestro exilio. Pronto en nuestros días.


Fuente: Jabad.es
diciembre 05, 2016

¿Quién es la mujer de Apocalipsis 12?

En Apocalipsis 12, Juan ve una visión de una mujer “vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12: 1). Fíjase en el parecido de hay entre esta descripción y la descripción que José dio a su padre Jacob (Israel), (Génesis 37: 9-11). Las doce estrellas se refieren a las doce tribus de Israel. Así que la mujer en Apocalipsis 12 es Israel.

Otras pruebas que apoyan esta interpretación es que en Apocalipsis 12: 2-5 habla de que la mujer estando encinta y da a luz. Sabemos que María dio a luz a Jesús, también es cierto que Jesús, es hijo de David, de la tribu de Judá, vino de Israel. En cierto sentido, Israel dio a luz a Jesús. El versículo 5 dice que el hijo de la mujer era “un hijo varón, que ha de regir a todas las naciones con vara de hierro; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.” Claramente, esto está describiendo a Jesús. Jesús ascendió al cielo (Hechos 1: 9-11) y un día establecerá Su reino en la tierra (Apocalipsis 20: 4-6), y él las regirá con juicio perfecto (la “vara de hierro”; Salmo 2: 7-9).

Apocalipsis 12: 6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días. Los 1260 días se refiere al tiempo futuro llamado la Gran Tribulación. Mil doscientos, sesenta días es 42 meses (de 30 días cada uno), que es lo mismo que 3 1/2 años. A mitad del período de tribulación, la bestia (el Anticristo) establecerá una imagen de sí mismo en el templo que se construirá en Jerusalén. Esta es la abominación desoladora que habló Jesús en Mateo 24:15 y Marcos 13:14.Cuando la Bestia hace esto, él rompe el pacto de paz que había hecho con Israel, y la nación tiene que huir por la seguridad, posiblemente a Petra (véase también Mateo 24;Daniel 9:27). Este escape de los Judíos se representa como la mujer huyendo al desierto.

Apocalipsis 12: 12-17 habla de cómo el diablo va a hacer la guerra contra Israel, tratando de destruirla (Satanás sabe que su tiempo es corto, relativamente hablando, ver Apocalipsis 20: 1-3, 10).También revela que Dios protegerá a Israel en el desierto. Apocalipsis 12:14 dice que Israel será protegido del diablo por “un tiempo, tiempos y medio tiempo (” un tiempo “= 1 año;” tiempos “= 2 años;” medio tiempo “= medio año; En otras palabras, 3 1/2 años).

Fuente: tiemposprofeticos.org