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marzo 20, 2026

Dios le dio lo que pidió

 


"Jabés fue mejor que sus hermanos, un varón honorable. Su madre lo llamó Jabés (¡Qué dolor!), porque dijo: '¡Parto doloroso! ¡Lo di a luz en gran dolor!' Este oró al Dios de Israel así: '¡Bendíceme, oh, bendíceme! Dame tierra, grandes parcelas de tierras; y bríndame tu protección personal; no permitas que el mal me alcance'. Dios le dio lo que pidió". (1 Crónicas 4:9–10 Biblia El Mensaje).

Tal vez 2025 fue el año más duro de tu vida. Un año de desgaste, de batallas internas, de puertas cerradas y fuerzas al límite. Pero nada de lo que viviste tiene el poder de cancelar la esperanza. Jabés nos recuerda que el dolor no define el final de la historia cuando decidimos hablar con Dios sin miedo y sin límites.

Jabés nació marcado por el dolor. Su nombre no evocaba promesas ni expectativas, sino sufrimiento. Sin embargo, hay algo que este pasaje deja muy claro: Jabés no permitió que su origen determinara su destino. En lugar de resignarse, hizo lo más valiente que alguien puede hacer después de una temporada difícil: oró.

Cuando Jabés le dice a Dios: “Bendíceme”, no está pidiendo un favor pequeño ni una ayuda parcial. Está diciendo, en esencia: necesito todo lo que viene de Ti. No está negociando, no está midiendo, no está reduciendo su oración para que suene razonable. Está confiando en que Dios es lo suficientemente grande como para bendecirlo por completo.

Luego se anima a pedir algo todavía más desafiante: “Dame tierra, grandes parcelas”. Jabés no ora para sobrevivir, ora para crecer. No pide apenas lo necesario para pasar el mes, sino espacio para avanzar, para expandirse, para vivir una vida que no esté limitada por el miedo. Cuántas veces nuestras oraciones quedan atrapadas en el “alcanza justo”, cuando Dios nos invita a pensar en grande, a creer que hay más.

Después, Jabés pide protección. No desde la paranoia, sino desde la conciencia de que sin Dios nada tiene sentido. Está pidiendo la presencia activa del Señor sobre su vida, ese cuidado constante que envuelve, guarda y sostiene aun cuando no entendemos todo lo que sucede. Es la seguridad de saber que no caminamos solos.

Finalmente, ora con una convicción profunda: “No permitas que el mal me alcance”. No es una frase ingenua, es una declaración de confianza. Jabés cree que Dios tiene el poder de poner límites al mal, de cerrar puertas al dolor innecesario, de cubrir la vida con Su mano. Y el texto termina de una manera contundente, sin adornos ni explicaciones largas:

Dios le dio lo que pidió. No dice que dudó, no dice que lo postergó, no dice que lo redujo. Dios respondió. Punto.

Tal vez este año te dejó cansado, golpeado o con preguntas abiertas. Pero Jabés nos enseña que el pasado no cancela el futuro, y que pedirle a Dios cosas grandes no es arrogancia, es fe. De cara a 2026, este es el momento de volver a orar sin achicarnos, sin disculpas, sin miedo. Dios sigue siendo el mismo. Y sigue respondiendo.


Antes de que empiece 2026, tómate un momento a solas con Dios y define una meta espiritual clara: orar como Jabés. No como una fórmula, sino como una actitud del corazón.


Decide que en 2026 no vas a orar solo para sobrevivir, sino para crecer. Que tus oraciones no estén marcadas por el miedo, el cansancio o las heridas de 2025, sino por la fe en un Dios que sigue siendo grande. Anímate a pedirle bendición completa, sin achicar el pedido ni pedir disculpas por soñar en grande.


Pon nombre a tus “parcelas” para este nuevo año. ¿Qué áreas necesitas que Dios ensanche? ¿Tu familia, tu trabajo, tu economía, tu llamado, tu ministerio, tu salud interior? Escríbelo. Dilo en voz alta. Óralo con convicción.

Y haz de esta una decisión firme: entrar a 2026 confiando en la protección de Dios, creyendo que Su mano está sobre tu vida y que el mal no tiene la última palabra. No porque no habrá desafíos, sino porque no los enfrentarás solo.

Que esta sea tu meta para 2026: orar sin límites, creer sin reservas y pedirle a Dios con la certeza de que Él sigue respondiendo.

 «Señor, hoy decido volver a pedirte sin miedo. No quiero oraciones pequeñas para un Dios grande. Bendíceme, ensánchame, protégeme y guarda mi vida del mal. Aunque haya atravesado tiempos difíciles, elijo creer que Tú sigues obrando y que lo mejor todavía está por delante. Amén».

Fuente: vidacristiana.com

junio 17, 2016

Exigen justicia 9 familias evangélicas expulsadas en Chiapas

En marzo de 2005 las nueve familias fueron despojadas de sus parcelas por haberse adherido al evangelio. Piden justicia a las autoridades.

Amparo es evangélica, tiene 22 años de edad y un niño de dos. Desde hace un mes ambos deambulan por esta capital, junto con otras ocho familias que sufren por haberse adherido a otra religión, en el poblado de Santa Rita, ubicado en el municipio La Trinitaria y habitado por mestizos e indígenas de origen tojolabal.

En marzo de 2005 las nueve familias fueron despojadas de sus parcelas y llegaron a Tuxtla Gutiérrez para solicitar justicia a las autoridades.

Quieren recuperar su patrimonio y regresar a su poblado, pero en situación de igualdad.

Roger Grajales, secretario general de gobierno estatal, les hizo saber hoy que deben “negociar” con sus agresores, porque aplicar la ley en esa región “va a hacer más difícil su retorno”.

El funcionario explicó que a estas familias ­que desde el 23 de octubre viven, comen y duermen en la plaza que da al palacio de gobierno­ les ha ofrecido resolver los conflictos con los católicos de Santa Rita, “pero no han aceptado”.

Dijo que los evangélicos pidieron solución al gobernador Pablo Salazar, quien les dijo que su problema no es fácil y que sigan en la mesa de diálogo.

“Se han hecho innumerables acuerdos, propuestas y ofertas, pero los inconformes no han aceptado (…) Lo que desean es que se haga justicia, pero implica ejercitar la acción penal contra los que promovieron el despojo; eso es parte del cumplimiento de la ley que se hará, pero va a generar un ambiente más difícil para su retorno”, explicó.

Agregó que se les ha ofrecido la restitución de sus tierras en la cabecera municipal, pero su posición es “radical”.

Amparo llora de impotencia mientras cuenta su historia. “Yo no sé si ahora hay menos o más expulsiones de evangélicos, lo que sí se es que a nosotros nos despojaron, nos obligaron a salir, y no entiendo por qué, si el gobernador es evangélico y dijo que no se iban a permitir más abusos”.

Las familias en plantón a las puertas de palacio de gobierno colocaron varias mantas, en una de las cuales se lee: “Hermano Pablo, lástima de tu gobierno injusto contra los evangélicos”; en otra piden justicia y en una más demandan la solidaridad de los transeúntes para que los apoyen con víveres y agua para sostener su movimiento.

Son 32 personas, entre ellas diez niños, algunos bebés. Son las familias de los hermanos Adán, Rigoberto y José Aguilar Pérez; de Caralampio Aguilar Aguilar, Fredy García Aguilar, Federico Hernández Aguilar, Alfredo Aguilar López y Pablo Cruz Gómez. Ellos compartían la zona ejidal de Santa Rita, hasta marzo de 2005, cuando fueron notificados de que por no participar en las festividades religiosas y políticas del resto de la población, perdían su derecho a la tierra.

El comisario Gilllermo López García y una plebe de gente nos fue a ver, pusieron cercas en nuestras casas, nos encerraron en ellas como si fuéramos delincuentes. Ahora sólo tenemos la casa y un patio como de 11 metros cuadrados. Tuvimos que vender la cosecha, y los puercos y las gallinas que teníamos”, explica.

Detalla que antes del despojo los presionaron para abandonar su religión. “Siete meses nos quitaron el acceso al agua entubada, íbamos por la calle y nos gritaban, multaban a quien compraba en la tienda que teníamos. Nosotros somos gente de paz…”

Para sobrevivir durante año y medio los padres de familia consiguieron trabajo de albañiles en la cabecera municipal de Comitán. Algunos alquilaron un pedazo de tierra, donde siembran maíz y hortalizas.

“Que el gobierno haga lo que tenga que hacer, no vamos a cambiar de religión como nos exigen en la comunidad… primero Dios que todo salga bien”, sostienen mientras se vuelven a colocar en las escalinatas del lugar.

Fuente: La Jornada