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marzo 07, 2026

Profecías surgen tras la guerra entre Israel e Irán durante Purim con notables “señales” en el cielo

 


Mientras el mundo sigue de cerca los acontecimientos en el Medio Oriente tras la caída del régimen iraní, muchos cristianos observan algo más que geopolítica: han visto tres eclipses lunares totales, conocidos como «lunas de sangre», en menos de dos años, todos coincidiendo con la festividad de Purim.


Purim celebra la histórica liberación del pueblo judío del genocidio planeado por Hamán en el antiguo imperio persa, el mismo territorio que hoy conocemos como Irán. El que los cielos se tiñan de rojo precisamente en esta fecha, por tercer año consecutivo, ha despertado reflexiones entre quienes estudian la profecía bíblica. Según Génesis 1:14, los astros fueron creados «para señales y para tiempos señalados», un recordatorio de que la creación misma habla del propósito de Dios.


La tercera, visible el 3 de marzo de 2026, ocurre justo en el momento de mayor tensión entre Israel e Irán, sonando como una alerta del cielo.


Los líderes cristianos que estudian profecía, como los pastores John Hagee y Mark Biltz, han sostenido por años que las lunas de sangre anuncian eventos significativos para Israel. Históricamente, tétradas de este evento han coincidido con momentos decisivos:


La expulsión de los judíos de España en 1492

La independencia de Israel en 1948

La Guerra de los Seis Días en 1967

El patrón sugiere que Dios usa el firmamento para llamar nuestra atención cuando su pueblo está en el centro de la historia.​​ El contexto actual no podría ser más elocuente. Jesús advirtió en Mateo 24:6: «Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero todavía no es el fin».


La guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, sumada a la muerte de Khamenei, coloca a la antigua Persia en el epicentro de la actualidad. La coincidencia con Purim no garantiza interpretaciones apresuradas, pero sí invita a una sobria vigilancia.


Amanda Grace, una voz que ha interpretado eventos proféticos, declaró que lo que estamos presenciando «no es menos que un Purim moderno». El patrón bíblico del reverso divino —cuando el mal planeado se convierte en liberación— resuena en la historia de Israel. Sin embargo, los creyentes debemos anclarnos en la Escritura, reconociendo que «el fin todavía no es» a pesar de las señales.


La ciencia explica el fenómeno: la sombra terrestre proyecta un tono rojizo sobre la luna. Pero la fe entiende que Dios puede usar las leyes naturales que Él mismo instituyó para hablar a sus criaturas. Joel 2:31 profetiza: «El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y terrible del Señor». Hechos 2:20 y Apocalipsis 6:12 repiten esta imagen, enlazando señales celestiales con el juicio y la venida de Cristo.​​


La tercera luna de sangre no es el final, sino parte de una secuencia que incluye el «eclipse del siglo» previsto para el 12 de agosto de 2026. La congregación de creyentes debe mantener los ojos en el cielo sin perder de vista la Tierra: orar por la paz de Jerusalén, interceder por los cristianos perseguidos en Irán, y vivir en santidad mientras esperamos la revelación gloriosa de nuestro Señor.


Estamos en tiempos de cumplimiento de las Escrituras, donde la precisión de los cielos recuerda que Dios es el Señor de la historia. Las señales no tienen como fin alimentar temor o preocupación, sino fortalecer nuestra fe. El juicio sobre la tierra no nos debe encontrar dormidos, sino ocupados en la obra del Maestro.


«Se levantarán nación contra nación, y reino contra reino; habrá terremotos en diferentes lugares, y habrá hambres y alborotos. Estas cosas serán principios de dolores» (Marcos 13:8).


Fuete: bibliatodo.com

marzo 02, 2017

7 formas de conectarte con Dios

 Si hay una lección que debemos rescatar de la historia de Purim es que incluso en los momentos de oscuridad —cuando la cara de Dios está oculta— Él sigue ahí, orquestando los eventos tras bambalinas, moviendo las fichas para llevar a cabo su cometido. El hombre hace planes y Dios se ríe de ellos. Lo que creíste que sería el fin de los judíos, se convierte en el vehículo de su salvación.

Purim es el momento idóneo para vencer a la oscuridad y fortalecer tu conexión con Dios. He aquí siete formas para conectarte con Dios sin importar quién seas. ¡Los ateos también pueden intentarlo!:

1. Ve la mano de Dios en tu vida

Todos hemos vivido momentos de coincidencias inesperadas, como cuando perder un avión causó que conocieras a tu pareja. No tienen que ser necesariamente cosas dramáticas; incluso encontrar un lugar para estacionar en Nueva York (o en cualquier otro lugar) puede ser un momento para sentir la presencia de Dios. Dado que Dios es Uno, nada ocurre por accidente; remueve el velo de la naturaleza que enmascara Su presencia y encontrarás a Dios detrás de la cortina. Mantén tus ojos abiertos y pídeles a tus familiares y amigos que compartan sus mejores historias de providencia Divina contigo.

2. Ten una conversación íntima con Dios

Imagina una pareja casada que vive bajo el mismo techo, pero que marido y mujer nunca hablan realmente el uno con el otro. Desafortunadamente esto ocurre en muchos hogares. Y desafortunadamente esta fría indiferencia puede describir la relación de muchas personas con Dios. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una verdadera conversación íntima con Dios? No solamente recitar las palabras del libro de rezos, sino acceder a tu núcleo más interno y compartir tus preocupaciones, miedos y agradecimientos más profundos. Inténtalo (no en público por favor), y ve si te sientes más conectado con Dios después de eso.

3. Encuentra belleza

Deja el iPad, el iPhone, el iLo-que-sea y observa el maravilloso mundo que te rodea. ¿Cuándo fue la última vez que contemplaste un impresionante atardecer o amanecer, que lloraste escuchando una canción, que quedaste maravillado ante la reacción de uno de tus increíbles hijos? ¿Viste las increíbles fotografías de las Cataratas del Niágara congeladas? El mundo es un reflejo de la infinita perfección de Dios, y Sus huellas impregnan el universo.

4. Estudia la sabiduría de la Torá

Imagina que consigues los diarios personales de Einstein en donde él expone toda la sabiduría que adquirió en su vida. Los devorarías para obtener un vistazo de su gran conocimiento y sentir una conexión mucho más profunda con el hombre. Imagina conseguir los diarios personales de Dios. La Torá es el plano de la creación. Es el manual de instrucciones de Dios que contiene todos los secretos del universo, incluyendo sabiduría sobre el matrimonio, la educación de los hijos, cómo ser bueno y cómo vivir una vida con sentido. Cuando estudiamos Torá, estamos conectándonos directamente con Dios, entendiendo la profundidad de Su sabiduría y aprendiendo a pensar como Él. Es una serie de constantes momentos “eureka”.

5. Aprecia los regalos que Él te ha dado

¿Qué es más probable: que tú expreses un genuino aprecio por la cena que preparó tu esposa (o tu madre) o que un invitado lo haga? ¿Cuántas cenas recibió el invitado? ¿Cuántas cenas has recibido tú? Cuando somos receptores de tanta bendición constante en nuestra vida, la terrible ironía es que comenzamos a darla por sentado. No lo hagas. La apreciación es la base de una relación amorosa, y esto es cierto tanto con tus padres y tu pareja como con Dios. No seas ingrato. ¿Quién te dio tus ojos? ¿Tu audición? ¿Tu café caliente hoy en la mañana? Reconecta todos los maravillosos regalos que has recibido en tu vida con el máximo Dador y siente el amor que eso genera.

6. Confía en Él

Las personas que más amas son las personas en quienes más confías, y viceversa. Piensa en algo que te preocupa, que te genera temor y angustia —ya sea presiones financieras o los resultados de un examen médico— y deja ir el temor y confía en Dios. “Arroja tu carga sobre Dios y él te sostendrá” (Salmos, 55:22). Trata de sentir que Dios está detrás de ti. Él está consciente de tu dificultad. Él tiene el poder para ayudarte y quiere ayudarte. Nada es demasiado grande o demasiado pequeño para Él. Así que deja de preocuparte; todo estará bien. Dios no te abandonó; Él está aquí tomándote de la mano.

7. Haz una mitzvá

Probablemente la forma más directa de conectarse con Dios es hacer una mitzvá: dar tzedaká, visitar a un enfermo, recitar el Shemá, respetar Shabat. La palabra mitzvá viene de la palabra tzavtá, que significa ‘cariño’. Cuando hacemos una mitzvá, un ‘mandamiento’, estamos realizando con mente, cuerpo y alma ratzón Hashem, la ‘voluntad de Dios’, asemejándonos de esta manera a Dios y acercándonos a Él. Dado que Dios no es físico, la cercanía se mide espiritualmente. Mientras más nos parecemos a Él por medio de alinear nuestra voluntad a Su voluntad, más cercanos estamos a Él.

Fuente: Aish Latino