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septiembre 21, 2016

Las clínicas que "curan" la homosexualidad en China

                               Activistas del colectivo LGBT en Beijing, simulan la aplicación de una inyección gigante a un "paciente" homosexual. / AFP

Brutales tratamientos

No es considerada una enfermedad en ese país desde 2001. Sin embrago prosperan los centros donde aplican terapias de "conversión".

Tras confesar a su mujer que era homosexual, Yu Hu vivió un calvario de 19 días en un hospital psiquiátrico que pretendía "curarlo" a pesar de que China no considera la homosexualidad como una enfermedad mental desde 2001.

La mujer de Yu aceptó rápidamente el divorcio, pero fue su propia familia la que decidió ingresarlo a la fuerza en el hospital, del que pudo salir gracias a la movilización de su compañero sentimental y defensores de los derechos humanos.

Lo que vivió Yu, de 32 años, no es un caso aislado en China, donde a pesar de la evolución de la legislación y de las costumbres, prosperan la terapias de "conversión".

Durante 19 días, so pena de ser golpeado por los empleados, Yu Hu tuvo que tomar unos comprimidos destinados a "corregir" su orientación sexual, contó a la AFP.

Yu, liberado por la policía de la provincia de Hunan (centro), alertada por su compañero, decidió llevar el caso ante la justicia que juzgará este nuevo caso de "terapia de conversión" el próximo miércoles.

En 2001, China retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y desde entonces los "camaradas" (como se apoda a los homosexuales) han tenido una mejor aceptación social, sobre todo entre los jóvenes urbanos.

                  Xiao Tie, del Centro LGBT de Beijing, camina con una gigantesca jeringa clavada en un corazón, durante una protesta en la capital china./ AFP

Sin embargo siguen siendo discriminados y sufriendo presiones familiares. Muchos de ellos, hijos únicos, se resignan a casarse para satisfacer las aspiraciones de sus padres y darles nietos.

Las "terapias de conversión" -que los expertos consideran no científicas, ineficaces e, incluso, peligrosas- siguen siendo propuestas por numerosas clínicas, que no dudan en abusar de la angustia de los jóvenes homosexuales o de la inquietud de sus familias.

"¡No me pasó sólo a mí! Esto debe terminar", insiste Yu que sigue sufriendo pesadillas.

El personal médico "debe ser condenado. Ser gay no es un crimen, lo que me hicieron sufrir sí", agrega.

Yu exige que el hospital se disculpe públicamente y que se reconozca que la homosexualidad no es una tara.

En diciembre de 2014, un tribunal de Beijing condenó a una clínica de Chongqing (sudoeste) que practicaba tratamientos para "curar" la homosexualidad. Los jueces consideraron entonces que la homosexualidad no era una enfermedad.

La clínica tuvo que indemnizar a Yang Teng, un hombre traumatizado por electroshocks, aplicados en las partes genitales.

Pero a pesar de esa condena, las clínicas de la megalópolis de Chongqing continúan actuando con total impunidad recurriendo a electroshocks, camisas de fuerza, encierro e incluso castración química.

Un tratamiento cuesta unos 20.000 yuanes (casi 3.000 dólares), pero los gastos pueden subir si los médicos consideran que se necesitan "tratamientos" complementarios, dice el colectivo LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros) de Pekín.

Los militantes de LGBT tienen dificultades para combatir a las clínicas y la actitud del gobierno no ayuda en nada.

En marzo pasado el gobierno anunció que las series de televisión debían excluir las "relaciones sexuales anormales", entre ellas las "relaciones homosexuales, perversiones, violaciones y violencias sexuales".

La policía persigue más a los militantes que a las clínicas", denuncia Sha Sheng, integrante de una ONG de Chongqing que ayuda económicamente a lesbianas y gays endeudados por los tratamientos sufridos contra su voluntad.

"Es difícil luchar cuando la policía, no cesa de reprimir nuestras actividades y nos invita a 'tomar el té'", eufemismo para mencionar un interrogatorio, dice Sha.

"Intentamos informar a los médicos, presentarles homosexuales para convencerlos de que no se trata de una aflicción", dice por su parte Joelle Yao, del colectivo LGBT de Beijing.

"Muchos salen de esos encuentros con una visión completamente diferente", agrega Yao, que considera que los prejuicios en China son fruto de la ignorancia y no de las convicciones religiosas.

Pero se trata de una tarea colosal. "China es demasiado grande", suspira Joelle Yao.

Fuente: AFP

julio 11, 2016

Jerusalén, la meta soñada por millones de peregrinos en Semana Santa

Para los cristianos, el lugar más sacrosanto sigue siendo el Santo Sepulcro. El edificio reviste el monte Gólgota. Allí está el Calvario, cuya roca pueden tocar los peregrinos, y está el sepulcro de Cristo, unos metros por debajo.

Su solo nombre hace estremecer a creyentes de los más insólitos rincones del mundo, cuyos rostros y acentos hacen de esta urbe un caso único. Parece como si las raíces de lo sagrado se hubiesen ensañado con su áspera geografía de manera enfermiza.

Los sucesos fundacionales se acumulan y superponen. En la misma roca del monte Moria fue el sacrificio de Abraham y la fuga de Mahoma al cielo. En el mismo cenáculo Jesús instituyó la Eucaristía, ocurrió Pentecostés y está enterrado el rey David.

En el mismo Monte de los Olivos fue el prendimiento de Cristo y su ascensión a los cielos.

Cada gesto o suceso sagrado está fosilizado en la iglesia correspondiente, haciendo de este vecindario imposible una catequesis de piedra.

Imposible de comprender en lo íntimo, se puede sin embargo descifrar alguna de sus claves. Lo mejor para ello es acudir al mirador del paseo de Shérober, desde el cual se obtiene la panorámica más explícita. En el centro, la ciudad vieja o recinto amurallado (el que vemos fue levantado por Soleimán, en el siglo XVI, con siete puertas). A oriente, el Monte de los Olivos y el sector árabe, deslizándose caótico. A poniente, el monte Sión y la parte judía, nueva y arrogante, con perfiles de hoteles que preludian la ciudad moderna.

Al sur, el valle del Cedrón, poblado sólo por sepulcros, por donde ascenderán los muertos el día del Juicio Final para entrar en la Ciudad Celestial por la Puerta Dorada.

Tras esta primera disección, lo mejor para entender Jerusalén es dejarse absorber por ella, perderse en el laberinto antiguo. En realidad, es la única manera de sentir Jerusalén. Escuchar la llamada a la oración de los almuédanos, mezclada con el toque de campanas de algún monasterio escondido, por callejas que semejan sótanos solitarios, atravesados por un costillar de arco o contrafuerte. Esquivar los abalorios piadosos de los mercaderes, incluso la tentación de los zocos, para perderse por los intestinos más secretos y vivos, allí donde se venden las frutas y la carne, y los tenderos fuman la pipa de agua o juegan al billar bajo bóvedas ojivales.

Casco viejo

Cada barrio (el casco viejo está dividido en cuatro: árabe, judío, cristiano y armenio) tiene sus propios olores y sonidos. Para judíos y árabes, la raya más enojosa es la que marca la llamada Explanada de las Mezquitas: es el monte Moria de Abraham, sobre el cual Salomón edificó su templo (rehecho por Herodes) y donde los omeyas levantaron la Mezquita de Omar, y luego la de al-Aqsa.

Los musulmanes disfrutan de la explanada y las mezquitas, los judíos tienen que contentarse con el muro de contención, conocido como Muro de las Lamentaciones, símbolo agridulce que recuerda la dispersión del pasado, pero también la gozosa posesión del presente.

Para los cristianos, el lugar más sacrosanto sigue siendo el Santo Sepulcro. En un galimatías inextricable de construcciones y sectas, se acumulan las cinco últimas estaciones de la Vía Dolorosa o vía crucis. El edificio rehecho por los cruzados reviste el monte Gólgota. Allí está el Calvario, cuya roca pueden tocar los peregrinos, y está el sepulcro de Cristo, unos metros por debajo. Cada centímetro está disputado por monjes abstrusos, que inciensan o prenden lámparas de aceite y velas, y posee una piadosa exégesis: la historia queda anulada por la fe.

Fuente: noticiacristiana.com
febrero 12, 2016

Mató a su hijo y cruzó el puente Pueyrredón con el cuerpo en andas: "Lo tuve que hacer", confesó


Un hombre fue detenido en el puente Pueyrredón cuando llevaba a su hijo muerto en andas. Lo asesinó para "salvarlo de la familia".


El hombre de 24 años le dijo a los efectivos policiales: "Tuve que hacerlo para librarlo del calvario que es mi familia. Lo tuve que hacer".


El nene de dos años estaba desnudo, presentaba lesiones en distintas partes del cuerpo y tenía un corte en el cuello, según informó el periodista Mauro Szeta.

Fuente: diarioveloz.com