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diciembre 27, 2025

DevocionalesCómo Ser Guíados por Dios

 


La vida nos pone constantemente ante decisiones y situaciones donde nuestra lógica parece ser el único recurso. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que nuestra propia comprensión tiene límites, pero la sabiduría de Dios es perfecta. En Proverbios 3:5-8 encontramos un consejo que transforma nuestra manera de vivir:


“Confía en el Señor con todo tu corazón;

no dependas de tu propio entendimiento.

Busca su voluntad en todo lo que hagas,

y él te mostrará cuál camino tomar.

No te dejes impresionar por tu propia sabiduría.

En cambio, teme al Señor y aléjate del mal.

Entonces dará salud a tu cuerpo

y fortaleza a tus huesos.” (NTV)


Este mensaje nos enseña tres principios poderosos para vivir con paz y dirección:


Entrega total de confianza a Dios

No se trata de confiar solo en momentos de crisis, sino de entregar el control completo de nuestra vida al Señor. Cuando decidimos no depender de nuestras propias conclusiones y nos apoyamos en Él, evitamos cargas innecesarias y decisiones apresuradas.

Buscar Su voluntad antes que la nuestra

Consultar a Dios en oración, leer Su Palabra y estar sensibles a la guía del Espíritu Santo nos abre caminos seguros. Él promete mostrar el rumbo correcto, incluso cuando parece que hay confusión o incertidumbre.

Humildad y obediencia traen bendición

Reconocer que nuestra sabiduría humana es limitada nos protege de la arrogancia. Temer al Señor no es tenerle miedo, sino honrarlo con respeto profundo y apartarnos de todo lo que sabemos que le desagrada. Esta actitud trae una consecuencia maravillosa: salud, fortaleza y paz interior.

Cuando aplicamos este consejo, experimentamos descanso en el corazón y claridad en el camino. Confiar en Dios no solo es un acto de fe, es una decisión que sana el alma, fortalece la vida y abre puertas de bendición.


Por Esteban Correa

septiembre 24, 2017

Maldito el hombre que confía en el hombre y Bendito el hombre que confia en el Señor

Debemos poner la mirada en lo celestial. Rendir nuestras vidas y poner toda nuestra confianza en el Señor. El hombre o la mujer que inclina su vida a lo material en el otro confía. Pero claramente dice la escritura: “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo y su corazón se aparta de Jehová.” Jeremías 17:5.

Éste versículo es claro. Si vivimos nuestras vidas poniendo la confianza en los hombres, todos los días iremos tras engaños y más desengaños. Hay quienes se atreven a juzgar y hacer comentarios despectivos, desagradables por tal de humillar a su prójimo, cuando por alguna razón el hombre que creer ser justo o estar en lo correcto se pronuncia. Es cuando podemos darnos cuenta la clase de fruto que damos en nuestras vidas, ya sea, bueno o malo, del espíritu o de la carne. El que vive en la carne, de los asuntos de la carne se encarga y éstas le satisfacen, más entretienen, lo que no permite que se pueda ver mas allá. Total ceguera espiritual. Más el que vive en el espíritu de los asuntos del reino se encarga y procura vivir sus días haciendo la voluntad del Padre.

Debemos poner nuestra mirada en nuestro Señor Jesucristo y vivir como él vivió, compartiendo su doctrina. Oremos por los que nos injurian y escarnecen. Si a Cristo le hicieron la mayor de las injurias y le escarnecieron, quienes somos para pretender ir en contra de la palabra de Dios y conseguir favores en esta vida terrenal?

En esto debemos pensar. Y es preciso: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. Mateo 22:37-39”.

El hombre carnal vive para que complazcan sus caprichos, más el hombre espiritual vive para complacer a Dios y estar al servicio de su prójimo. Dejad el juicio al Padre. Y cumplid los mandamientos que nos dejó.

El hombre que no tiene a Dios en su corazón y no le teme, es capaz de lo peor. Daña, miente, es hipócrita, inmisericorde, difama, es egoista, vanaglorioso, etc. Pero Dios en su infinita misericordia está esperando a que se arrepienta y advenga a ser heredero del reino y disfrute del privilegio de la salvación y redención en su sangre.

Vivamos para amar e intercedamos en oración, solamente Dios cambiará las circunstancias y las situaciones………..Un pueblo unido que ora conseguirá que los cielos se abran, se estremezcan y descienda de lo Alto un avivamiento que toque y cambie la vida de los perdidos.

En conclusión no confíes en el otro hombre, sólo pon tu confianza en el Señor Jesús, y más allá, ama a tu prójimo como a ti mismo, tal y cual la doctrina que Jesús vino a compartir, y nos dejó: AMAR Y SERVIR…….

Autora: Sandra Iriette