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julio 11, 2017

Las tablas rotas. ¿Por qué el dolor es bueno?

El dios Manitú de los nativos estadounidenses escogió a los pieles rojas del barro más fuerte para que fueran su pueblo. Los concibió como hombres superiores, seres casi inmortales capaces de dominar la tierra y crear una fortaleza por encima de todos los pueblos y todas las criaturas. Al igual que Vishnú con los brahmanes, Zeus con los cretenses, pensó en hombres perfectos, hombres invencibles, hombres dignos de su nombre. Éste, no fue el caso del Dios de los judíos.

Él escogió primero a un ser débil y defectuoso; capaz de caer ante los engaños del réptil y olvidar la única orden que tenía. Luego, opto por un pueblo de pecadores; hombres que frente a la adversidad le dieron la espalda y se olvidaron de su juramento.

Los escogió así y así los hizo: esclavos, con un cuerpo físico, fáciles de engañar y dependientes de los deseos materiales. Sin embargo, también los hizo sabios, con su aliento sagrado; capaces de superarse y elevarse al nivel de los ángeles; capaces de caerse siete veces y siete veces levantarse. Fueron hombres hechos a su imagen y semejanza, a la imagen y semejanza del único Dios.

Esto es lo que recordamos el 17 de Tamuz; básicamente que somos seres humanos. Es decir, que tenemos un cuerpo mortal que sufre y siente y un alma inmortal que vino de un mundo no material. Que la labor que tenemos en este mundo, la única razón por la que venimos a él, es para unir ambas realidades. Dios nos hizo defectuosos para que a lo largo de nuestra vida nos superáramos, hizo al mundo roto para que fuéramos nosotros quienes tuviéramos el honor de mejorarlo, hizo al hombre separado de la Divinidad para que pudiera sentir la necesidad de buscarla. Finalmente en este mundo, la perfección se logra a través del trabajo, no se nace con ella.

El 17 de Tamuz es el día en que Moisés rompió las Primeras Tablas de la Ley. Las había recibido de Dios mismo en el Monte Sinaí. Contenían los Diez Mandamientos que todos los judíos habían escuchado 40 días antes cuando aceptaron a Dios como su dios y aceptaron la Torá como su ley. La ruptura de las tablas implicaba la ruptura del pacto que se había hecho. Sucedió justo cuando Moisés vio los judíos bailando en el desierto frente al Becerro de Oro, un ídolo hecho por equivocación y miedo. Rompió las tablas y trajo el olvido de Torá al mundo. Nos dice el midrash que en el Cielo dijeron “fue un acto bueno”.

¿Por qué?, ¿qué significa todo esto? ¿Qué implica que las tablas se hayan roto?; ¿cómo algo hecho por Dios, todo perfecto y omnipresente, puede romperse? ¿Por qué fue un acto bueno? y ¿qué relación guardan las tablas con el Becerro de Oro? Trataremos de contestar estas preguntas.

Las primeras tablas y el Becerro de Oro

Empecemos por lo más básico: las tablas representan la unión más fuerte que ha existido entre Dios y el hombre. Eran la materialización física del juramento hecho en el monte Sinaí, la unión absoluta entre el mundo espiritual y el mundo material. Fueron hechas y gravadas por Dios mismo, pensadas para ser el sentido del hombre, el objetivo del Universo. Si no fuera por el Becerro de Oro, el pueblo judío hubiera entrado inmediatamente a la tierra prometida y la Presencia Divina hubiera sido absoluta y constante en todo el mundo. La entrega de las Primeras Tablas fue una de las revelaciones más grandes que han existido en la Tierra.

Sin embargo, a mayor revelación, mayor es la tentación. Los judíos de ese momento no estaban preparados para un regalo tan grande. Al no ver a Moisés en el día 39 temieron que jamás regresaría y construyeron para sí un supuesto intermediario que los vincularía con Dios. El pecado del Becerro de Oro radica en querer llamar a la Presencia divina a gusto propio.

La Torá explícitamente prohíbe hacer imágenes para adorar a Dios, ya sea a través de estatuas, pinturas o cualquier otro objeto. También prohíbe imitar ritos paganos que se usan para adorar otros dioses y prohíbe construir altares fuera del lugar indicado por Él mismo. La relación que guardan todas estas prohibiciones es que el hombre decide llamar sagrado a algo que en esencia no lo es.

La imagen como es construida por el hombre no puede tener vida propia y ser el mensajero de Dios, como lo era Moisés. El altar como fue construido en un lugar que el hombre eligió, sin el proceso que Dios marcó, no puede tener la santidad que Él le otorga a Su Templo. Los ritos paganos no pueden ser usados para adorarlo porque es Él quien marca la forma correcta de honrarlo a través de sus mitzvot. En el momento en que eliminamos a Dios del ritual, no podemos pretender que nos estamos uniendo a Él.

Ese es el principal defecto de la idolatría, que engaña y rompe la posibilidad de una unión entre Dios y el hombre. Elimina por completo el actuar de Dios, en lugar de reconocerlo como el Creador y Dueño de todas las cosas, coloca al hombre o a alguna otra fuerza en ese lugar. Nuestra Torá es sagrada porque fue dictada por Dios, nuestras tradiciones son sagradas porque fue Él quien nos las enseñó. El Becerro era un pecado porque rompe ese compromiso hecho entre las dos partes. Los judíos lo hicieron para buscar a Hashem, sin embargo, les trajo una separación irreparable.

Curiosamente lo construyeron un día antes de recibir el objeto material que mejor iba a cumplir sus objetivos. El único vínculo real y sagrado que Dios les estaba dando. Las Primeras Tablas funcionan como antítesis del Becerro de Oro, ambos objetos trabajan a manera de espejo. Mientras que el Becerro de Oro fue hecho únicamente por el hombre, las tablas fueron hechas únicamente por Dios.

Ambos buscaban crear una unión entre Dios y el hombre. Sin embargo, el Becerro lo intentaba a través del engaño; de brujería, hechizos y bailes. Mientras que las tablas cargaban consigo las mitzvot (mandatos) de Hashem, la única forma real y duradera de conectarse con Dios; de elevar el mundo material al mundo divino.

Desgraciadamente ni uno subsistió hasta nuestros días en la forma que fueron creados, Moisés se encargó de destruir a ambos. El Becerro fue pulverizado por Moisés y bebido por el pueblo para expiar sus pecados. Mientras que las tablas al llegar Moisés frente al pueblo cayeron de sus manos.

Según un midrash las letras mismas que prohibían la idolatría, al ver a los danzantes huyeron para no pasar vergüenza y dejaron las piedras vacías, por eso pudieron romperse, porque aquello que las hacía indestructibles las abandonó. Su santidad se sostenía en el pacto que habían hecho el hombre y Dios y ese pacto acababa de ser roto. El rompimiento de las tablas representa el abandono de la Divinidad. Dios mismo, antes presente, se aleja del pueblo judío.

Encontramos un simbolismo similar con las columnas de fuego y las nubes que guiaban al pueblo judío en el desierto. Durante años Dios se hacía presente con el pueblo judío a través de una columna de fuego que los guiaba por la noche y una nube que los protegía del sol durante el día. Cuando comenten el pecado del Becerro de Oro ambas los abandonan.

Sin embargo, hay una diferencia enorme entre ambos obejtos: el Becerro de Oro fue desechado, mientras que las Tablas rotas fueron conservadas. Moisés juntó uno a uno los pedazos dispersos, y tiempo después los coloco junto a las Segundas Tablas en el Aron Ha-Kodesh (El Arca Sagrada del Tabernáculo), el lugar más sagrado del mundo. ¿Por qué?

El dolor y el ayuno

En honor a esas Tablas es que ayunamos el 17 de Tamuz, ellas son el recuerdo de la debilidad humana, del dolor diario que se vive en este mundo. Las tablas enteras representan el acercamiento que Dios genera hacia el hombre constantemente, y la ruptura de las mismas representa nuestra inhabilidad de recibir esa energía y ese amor. Dicho defecto humano trae al mundo el ocultamiento divino y ese ocultamiento se manifiesta a través del dolor.

Por eso seguimos ayunando en este día, porque vivimos en el Exilio. El 17 de Tamuz no sólo fue el día en que las tablas fueron rotas, también fue el día en que las murallas de Jerusalén cayeron; la Presencia Divina abandonó el Templo; los servicios diarios fueron interrumpidos y los romanos desacralizaron el Santuario de Dios. Se considera al 17 de Tamuz como el inicio del exilio Babilonio y del romano, cuyas cúspides llegan en Tisha B’Av, el día en que se destruyeron los dos Templos. Durante las tres semanas que transcurren en estos días se hace luto por el Exilio. El 17 de Tamuz es el inicio de ese luto.

Ayunamos, no sólo por el dolor de esos días trágicos, sino por el dolor actual que sentimos en este mundo; porque hoy en día seguimos viviendo en el Exilio. En un mundo donde la verdad de Dios no es revelada, donde el hombre en su búsqueda erra, peca y trae dolor a sí mismo. Un mundo donde las Tablas de la Ley fueron rotas y el Monte del Templo convertido en un par de piedras.

Sin embargo, también vivimos en un mundo donde el segundo par de Tablas fueron recibidas. El 17 de Tamuz, las Tres Semanas y Tisha B’Av, también son la antesala a Yom Kipur, el día en que obtuvimos el perdón divino y Moisés volvió a bajar con las Tablas de la Ley. En ese día también ayunamos, pero es un día de alegría. Finalmente las segundas tablas resistieron el pasar del tiempo porque fueron hechas por Moisés bajo instrucción divina. Representan una unión más fuerte entre Dios y el hombre, ya que fueron hechas en un trabajo conjunto.

El mismo día que el pueblo de Israel vuelve a aceptar las tablas, la nube y la columna de fuego vuelven a bajar, en señal de que la Presencia Divina mora entre ellos nuevamente. Las nuevas tablas finalmente representa el pacto del Sinaí vuelto a hacer, pero ahora, desde el conocimiento. Si en Shavuot aceptamos la Torá por amor, sin saber que estaba escrita en ella, en Tamuz conocimos lo que era separarse de ella. Los judíos de ese momento supieron lo que se sentía el abandono de la Divinidad y la separación de Su ley, y en Kipur enmendaron su error.

La ruptura de las tablas fue un acto bueno porque la separación de Dios permitió al hombre buscarlo; construir unas tablas bajo su guía. El olvido de Torá es bueno porque impulsa a la persona a involucrarse intelectualmente con la Divinidad. El dolor en el hombre es bueno porque le ayuda a encontrarse: le ayuda a ver el mundo que lo rodea y dedicarse a mejorarlo; le ayuda a verse a sí mismo cuando se encuentra perdido y le enseña la verdad, la realidad moral a la que debe adherirse. El 17 de Tamuz nos enseña a escuchar nuestro dolor.

Por eso debemos conservar ambas tablas, las tablas rotas y las tablas duraderas. Porque nuestro Dios nos escogió con defectos para que conociéramos el dolor y enmendáramos nuestros propios errores, cayéramos siete veces y siete veces nos levantáramos.

Fuente: Enlace Judio
octubre 11, 2016

4 secretos sobre el Hoodoo

No se debe confundir con Hoodoo con Voodoo. Voodoo se deriva de la antigua África Occidental y proviene de la religión vudú. Hoodoo es la espiritualidad popular afroamericana que consta de una mezcla de tradiciones de los nativos americanos y europeos.

Se trata de un complejo entramado de la mitología, las hierbas medicinales, y la magia. Algunos podrían estar familiarizados con esto a través de la música Blues, que ha atormentado al mundo exterior con destellos de los misteriosos ritos hoodoo.

1.- Hueso de gato negro

Los gatos negros son a menudo considerados un mal presagio. Sin embargo, un hueso de un gato negro es uno de los encantamientos más poderosos del Hoodoo. Se cree que los huesos pueden conceder la invisibilidad, traer de vuelta a los amantes perdidos, u otorgar fama. A menudo, los que buscan la fama son atraídos a su muerte por el poder del hueso.

El cantante de Blues, Sam Taylor aprendió la técnica del hueso del gato negro a partir de su abuela, una mujer con renombre en el mundo de la magia. Se trata de: Coger un gato negro y hervirlo hasta que nada más que la piel y los huesos. Se vuelcan los restos en un río. Todos se hundirán, menos uno que flotará. Es ese el que se debe utilizar.

2.- Vinagre de los cuatro ladrones

El vinagre de los cuatro ladrones es algo muy conocido en el Hoodoo. Puede ser utilizado tanto para la protección personal, como para la prevención de enfermedades, para desterrar a personas no deseadas de su vida, e incluso para echar maldiciones.

La leyenda cuenta que esta receta se remonta al origen de una banda de ladrones en la Edad Media. Los ladrones tenían la costumbre de robar a las víctimas de la muerte Negra. Tras su detención, revelaron que el secreto para no coger la peste, era el vinagre de los cuatro ladrones. Esa es una historia interesante, pero es más probable que el "vinagre de los cuatro ladrones" sea una modificación del "Vinagre de Forthave", que había sido utilizado como un remedio durante siglos.

También es conocido como el vinagre de Marsella, la poción varía mucho depende de quien la lleve a cabo. Principalmente hay dos tipos: uno para uso interno y otro para uso externo. La solución puede contener cualquier número de hierbas. Sin embargo, casi todas las recetas dicen que debe haber un mínimo de cuatro aditivos, uno para cada uno de los ladrones.

3.- Pisada mágica

La pisada mágica se trata de un veneno mágico que entra a través de los pies de la víctima, es muy conocida dentro del mundo Hoodoo. Concretamente consiste en lanzar polvos y objetos mágicos en la trayectoria del individuo afectado. Los métodos típicos incluyen la colocación de piedras de manera estratégica en el camino por donde pase el objetivo, o la colocación de la suciedad de su huella en una botella. Las maldiciones pueden ir desde la mala suerte y la pérdida de memoria, hasta la enfermedad y la muerte.

Una de las técnicas más tradicionales es mezclar la goma árabe y trozos de cuerda de cáñamo con polvo de azufre y esparcir en el camino de la víctima. De vez en cuando, calcetines, zapatos, uñas de los pies, o la piel del pie también se mezclan con los polvos mágicos.

4.- La Santa Biblia

La Santa Biblia es el libro más poderoso dentro del Hoodoo. La mayoría de los profesionales son cristianos, y las tradiciones del hoodoo se fundieron en el sur cristiano. Originalmente, la Biblia era vista como el medio por el cual los blancos esclavizaron a los negros. Los africanos reconocieron su poder y decidieron cambiar las tornas, usando el poder de la Biblia en contra de sus captores.

La Biblia no es sólo una fuente de oraciones; sino que el libro en sí es un talismán. Las Biblias a menudo dejan a la vista versos importantes, colocados en una orientación geográfica específica. Los salmos son de lejos la parte más popular de la Biblia en el Hoodoo. Estas canciones antiguas atribuidas al rey David, se pueden utilizar para todo, desde la atracción de la fortuna hasta poder derrotar a los enemigos.

El Hoodoo no es único a la hora de creer que la Biblia es la magia. Varias sectas protestantes también creen en el poder del verso para curar dolencias espirituales y físicas.

Fuente: losmasraros.com
enero 12, 2016

Pastor paraguayo es golpeado por nativos por predicarles el evangelio


Los naturales golpearon con cable al pastor para que se convirtiera al catolicismo. Incluso mencionó que los participantes de la tribu Cerro Akângue están apoyados por oficiales de la Gobernación de Amambay.
Paraguay.- El pastor Marciano Benítez, su familia y 2 personas más fueron encerrados por nativos de la comunidad Cerro Akângue, del departamento de Amambay, por predicar el evangelio. Meses atrás, los aborígenes habían tumbado un santuario evangélico.
El incidente se registró el domingo 22 al momento del culto protestante, según refirió a radio Uno el abogado del pastor, Nery Reyes.
Marciano Benítez, su esposa Rosaria, su hija de 12 años y otras dos habitante de la iglesia salieron a predicar en la tribu cuando fueron rodeados por unos 70 nativos, quienes procedieron a encerrarlos.
Tras doce horas de encierro, los nativos liberaron a las dos personas y continuarán reteniendo al pastor y su familia. El lunes 23, alrededor las 19 horas, decidieron soltarlos con la exigencia que dejen de predicar en el lugar.
Según Reyes, los naturales golpearon con cabo al pastor para que se convirtiera al catolicismo. Incluso mencionó que los participantes de la comunidad Cerro Akângue están apoyados por oficiales de la Gobernación de Amambay.
Meses antes, relató el apoyado, los mismos habitantes habían acordado “derribar” todos los palacios católicos de la región.
Gracias a la intervención de varias autoridades, entre ellas el parlamentario colorado Arnoldo Wiens, solo echaron un inmueble evangélico.
Hace 30 años antes un zagal canuto gringo comenzó una batalla propagadora entre habitantes del Alto Paraná, ahora son gañanes de avanzada y magnates; si no afuera por el apóstol ahora formarían parte del clan de habitantes delicados y sumidos en la indigencia, según publica el diario guaraní.