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abril 10, 2020

Coronavirus ha matado a más de 100 curas en Italia

Coronavirus ha matado a más de 100 curas en Italia. De los 17 mil muertos, un centenar pertenecen al clero. El diario Avvenire dio a conocer que a esa cantidad se le suman  los sacerdotes de órdenes religiosas, además de pastores y líderes  también fallecidos de otros cultos, la mayoría de edad avanzada.

Ha conmovido el el país el caso del sacerdote Cirillo Longo, de 95 años, cuyas fotos se han difundido, en el hospital de Bérgamo con un rosario, dando ánimos a los sanitarios que le atendían. Fue fundador del centro Don Orione en Redona (Bérgamo) y era conocido por su espíritu combativo y enérgico.

Misioneros, párrocos, ancianos en santuarios

Muchos han muerto en el norte del país, en la zona más afectada por la pandemia, pero otros han muerto en el sur o incluso en el extranjero. Gioacchino Basile , de 60 años, era de Calabria, zona sureña poco afectada, pero era misionero ligado al Camino Neocatecumenal y ha muerto en Nueva York el 4 de abril. Silvio Buttitta , de 83 años, es por ahora el único sacerdote diocesano fallecido de la sureña Palermo: guardaba una reliquia de Juan Pablo II y murió la noche del mismo día en que el pontífice polaco falleció hace 15 años.

En la diócesis de Milán, zona roja y muy golpeada por la enfermedad, han fallecido 12 sacerdotes. En Cremona han muerto 9, incluyendo al párroco de la catedral, Alberto Franzini, de 72 años.

Dos religiosos de los orioninos (Hijos de la Divina Providencia) murieron sirviendo en el santuario de la Virgen de la Guardia: Cesare Concas tenía 81 años y Serafino Tosatto tenía 90. En la diócesis de Bolzano-Bressanone han muerto 4 sacerdotes, incluyendo a Reinhard Ebner, de 71 años, que fue misionero en Brasil durante años.

Con 93 años aún dirigía el coro de la catedral

Entre los cuatro sacerdotes muertos en la diócesis de La Spezia-Sarzana-Brugnato está Franco Sciaccaluga, de 93 años, el más anciano de la diócesis, que tenía buena salud y estaba activo (dirigía el coro de la catedral) hasta que el Covid-19 acabó con él. Antes que él murió Giovanni Tassano, de 83 años, veterano de muchos años en África: fue párroco en Burundi durante 17 años y otros 8 en el Congo.

Entre los fallecidos está Fausto Resmini, que muere con 67 años: fue delegado de pastoral penitenciaria y capellán de prisiones desde 1992, además de presidente de la Asociación de Psicología “Il Conventino” y director de una casa para jóvenes.

Entre los 9 sacerdotes que han muerto en Cremona están Arnaldo Peternazzi, de 86 años, que pasó 12 de misionero en Brasil, y Francesco Nisoli, de 71 años, que pasó 30 años en el mismo país.

Uno de los fallecidos más ancianos ha sido Mario Cavalleri, de 104 años: durante treinta años dirigió un centro para pobres, drogadictos y refugiados.

Muchas historias se han escrito al respecto, como la de aquel cura que renunció a un respirador para que fuera ocupado por alguien más pues creía que no se salvaría.

La muerte de los más ancianos miembros del clero se da en un momento crucial luego de que la Iglesia Católica pasa por la peor crisis de sus historia y sus sacerdotes están involucrados en casos de abuso sexual de menores.

Foto: Nación
junio 15, 2018

Sacrifica a su hija de 4 años para "agradar a Dios"


Un hombre indio le cortó la garganta a la niña y cuando se descubrió el crimen intentó hacer creer que la había matado un gato.

Un hombre de 26 años fue arrestado este sábado en la India por haber asesinado a su hija de cuatro años a manera de "ofrenda de sacrificio" para "agradar a Dios", informa The Times of India citando palabras de la Policía.

El hecho ocurrió en Jodhpur (estado de Rajastán) el jueves durante el sagrado mes del Ramadán, cuando el padre, identificado como Nawab Ali Qureshi, compró algunos dulces a su hija Rizwana, quien en ese momento estaba en la casa de su abuela, para convencerla de regresar a casa.

A altas horas de la noche, Qureshi llevó a la pequeña a una habitación, citó versículos del Corán y le cortó la garganta. Luego volvió a dormir, según informó un oficial.

La esposa de Qureshi se despertó en la madrugada y encontró el cuerpo sin vida de su hija. Las autoridades registraron la escena del crimen y el responsable fue llevado a interrogatorio. En un principio, según la Policía, "trató de convencer a su familia de que un gato podría haber matado a Rizwana", pero finalmente confesó el asesinato.

"Amo a mi hija más que a mi propia vida. La ofrecí como sacrificio", fueron las palabras del acusado de acuerdo con la Policía.

Fuente: actualidad.rt.com
octubre 24, 2016

“¿Arrepentirme de qué? Soy buena gente”

"No he matado ni robado a nadie. No necesito ningún Dios que me perdone"

“¿Sabemos de qué seríamos capaces en una situación extrema a la que nunca nos hubiéramos enfrentado? ¿Somos realmente quienes creemos que somos?” Con estas preguntas comenzaba el programa Redes de Eduard Punset (TVE) en el que Philip Zimbardo, psicólogo de la Universidad de Stanford, exponía su famoso experimento en el que buenas personas se convirtieron -en apenas cinco días- en horribles tiranos tras exponerlas a un entorno de poder e inmunidad. Pero, ¿Y nosotros? ¿Hubiéramos actuado de un modo diferente? La historia ha demostrado que si se dan las circunstancias precisas, cualquiera de nosotros puede ser mucho más siniestro de lo que sospechamos. Es muy fácil criticar el mal de otro en circunstancias que no hemos enfrentado. Y es fácil no ver nuestro mal cuando no ha sido puesto a prueba.

Puede resultar autogratificante consideranos buenos al compararnos con quienes  consideramos peores que nosotros. Tampoco es extraño sentirnos buena gente cuando no estamos lo suficientemente comprometidos con la justicia o hacemos lo que la mayoría de la gente ¿O acaso no soy cómplice de que los negocios que respetan los derechos de sus trabajadores estén cerrando porque prefiero comprar en otros más baratos que sabemos que no los respetan? ¿No es hipócrita ir luego a manifestarnos por los derechos laborales? ¿No criticamos aquello que no es tan distinto de lo que hacemos nosotros?

Supongamos que podríamos mandar a otro planeta a todos los asesinos, agresores, terroristas, violadores y ladrones... quedándose aquí sólo la gente "normal" ¿Sería un mundo libre del mal? Lléndose los muy malos ¿Ya no habría odio, egoísmos y traiciones? ¿Viviríamos en una película de Walt Disney? Sabemos que no.

Eliane Brum dice en El País: “El tiempo de las ilusiones ha llegado a su fin. Ningún acto de nuestra vida cotidiana es inocente. Al pedir un café y pan con mantequilla en la panadería, nos implicamos en una cadena de horrores causados a animales y a humanos involucrados en la producción. […] La descripción de las atrocidades que cometemos de forma rutinaria puede seguir aquí a lo largo de miles de caracteres. Comemos, nos vestimos, nos entretenemos y nos transportamos a expensas de la esclavitud, de la tortura y del sacrificio de otras especies y también de los más frágiles de nuestra propia especie. […]

Hay varias implicaciones profundas en una época en la que el conocimiento no libera, sino que condena. [...] ¿Qué haremos, subjetivamente, ahora que estamos condenados a ver? […] Queda el cinismo, siempre el último reducto. Decir que, ante el hecho de que más de 7.000 millones de seres humanos ocupan el planeta, un número en aumento, no hay otra forma de comer y vestirse que no sea mediante la explotación, la esclavitud y la tortura es la afirmación más obvia. Es la afirmación expandida utilizada para todas las desigualdades de derechos. Desde que no sea yo —o uno de los míos— el sacrificado, no pasa nada [1]”
"El silencio ante el mal no es ser inocente. No actuar es hacer algo" Bonhoeffer

Siempre podemos creernos buenos y quitar hierro al asunto. Pero las ofensas son reales e importantes (y esto lo tenemos claro cuando la agresión es contra nosotros). Que todo el mundo participe de un mal no hace que ese el mal sea menos grave. Eso es lo que todos pensaban cuando la esclavitud era socialmente aceptada... y podías beneficiarte de ella.

En cuanto a la moralidad y responsabilidad de nuestros actos, tampoco es lo mismo contra quien se comente la ofensa. No es igual aplastar una flor, a una mosca o a una persona. Matar o hacer daño a una persona es algo mucho más grave. Y el problema del mal y del pecado (una orientación negativa de nuestra existencia) es que nos puede parecer poca cosa si nos comparamos con otros que consideramos peores. Pero el problema es que nuestro mal es una ofensa principalmente contra Dios mismo. Y esto lo convierte en algo más grave. En primer lugar porque un mal contra nuestro prójimo es también una ofensa contra Dios. Y Dios es justicia. No es un señor bobalicón de barca blanca al que nada le importa.

La Biblia es realista al afirmar que "si decimos que no hay pecado en nosotros nos auto engañamos y estamos diciendo algo que no es verdad. Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1ª Juan 1, 8-9). La seguna parte de este texto bíblico es una noticia extraordinaria. Michael Ots comenta: “Jesús experimentó voluntariamente la ira de Dios ante el asesinato, la violación y el abuso de menores. También hacia el egoísmo, la falta de honestidad y el chismorreo recayó sobre Jesús. Jesús experimentó en la cruz las terribles consecuencias del mal […] Dios se enfada con la gente que nos hace daño porque nos ama. Eso también quiere decir que también se enfada con nosotros cuando, a causa de nuestro egoísmo, hacemos daño a los demás. Dios debería descargar su ira sobre nosotros. Lo asombroso es que, cuando Jesús murió, él asumió sobre sí lo que nosotros merecíamos [2]”

[1] Eliane Brum ¿Todo inocente es un hijo de perra? El País. 2 de marzo, 2016

[2] Michael Ots ¿Qué tipo de Dios...? Andamio, 2014, pp. 104 y 108

Por Delirante.org

abril 18, 2016

La gente del barrio no se podía creer que Joshua Phillips de 14 años hubiera matado a una vecina de 8 años que llevaba desaparecida 7 días

Una mañana su madre fue a limpiar su habitación y se dio cuenta de que había un charco junto a la cama de agua de su hijo, y pensó que habría una fuga. Entonces encontró unas bandas de cinta aislante con una toalla enrollada. Cuando las quitó, descubrió el cuerpo sin vida de una vecina de 8 años que llevaba desaparecida 7 días.
La gente del barrio no se podía creer que el chico de 14 años hubiera matado a la niña. Fue encarcelado de por vida sin posibilidad de condicional. Él dijo que la golpeó sin querer con una pelota de béisbol, se desmayó, se dio cuenta de que estaba fría y escondió su cuerpo, pero el juzgado no se creyó esta historia.

Fuente: cabroworld.com